El número de mujeres en las universidades supera al de los estudiantes varones. No sólo en cantidad, también son mayoría en los cuadros de honor. No solo pasa aquí.

En Estados Unidos hace por lo menos diez años que algunas universidades se planteaban aplicar políticas de discriminación positiva para favorecer la igualdad numérica de géneros en las aulas impulsando la admisión de varones y en España, en pocos años, el número de graduadas doblará al de graduados.

¿Son buenas noticias? No, no son buenas noticias. ¿Dónde están los hombres jóvenes? Si las tasas de empleo formal no crecen, si además (se supone) los nuevos empleos demandan mayor cualificación... ellos no están trabajando. Si no van a la universidad ni acaban el bachillerato en la misma proporción que las muchachas ¿dónde están, qué hacen, qué planes tienen para el futuro, qué sociedad ayudarán (o no) a construir?

Cuando un oficio, un trabajo, deja de ser interesante económicamente, los hombres lo abandonan y las mujeres ocupan ese espacio. Eso es lo que ocurría hasta ahora. Si esa regla sigue vigente... ¿quiere decir que los empleos que requieren títulos universitarios ya no son tan atractivos económicamente? ¿Es un tema salarial o de “devaluación” del título? ¿Pasa algo que no se ha detectado?

Pero hay otros temas que los sociólogos empiezan a analizar. ¿Se unirá esta generación de mujeres con hombres menos instruidos? Si numéricamente la tendencia sigue... ¿cómo abordarán los hombres y las mujeres jóvenes el tema de las relaciones de pareja? (No es un tema del futuro, hable con ellas ahora). ¿Habremos evolucionado en una generación lo suficiente como para romper el paradigma de cientos, miles de años?

IAizpun@diariolibre.com

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