El pecado original

El pecado original del peledeísmo es el concepto de “dictadura con apoyo popular”. La Historia llevó al partido por otros derroteros que le hicieron buscar una fórmula parecida: el populismo asistencialista. Siempre es efectivo, cuela como democrático y se ha demostrado eficiente en la agotadora tarea de mantenerse en el poder.

Con el dinero de los demás es fácil hacer grandes planes, lograr la mejora temporal de los indicadores, incluso combatir la pobreza. Pero el dinero de los demás es tan finito como el propio. El dinero de los demás, es decir, el de los contribuyentes, también sirve para lograr el decidido apoyo popular... pero no con “la garantía” de una dictadura.

Empieza a ser una tradición dentro del partido morado que las diferencias internas desemboquen en un “el dinero y el Estado me han vencido”. Y probablemente sea verdad. Pero el Estado no es el PLD. O no debiera serlo. O no lo será por siempre.

Con el dinero de los demás, el de los contribuyentes, cualquiera hace las mismas promesas. Incluso se pueden doblar. Hablar es gratis. En campaña, los políticos ofrecen proyectos que costarán un dinero que no tienen y que además no pagarán. Y aunque todas las señales avisan de que el mundo entra en una zona económica incómoda de desaceleración del crecimiento, ningún político toca el tema en una precampaña con más rivalidades que la de verdad.

La realidad es tozuda. Ahí están César el Abusador, el asesinato de Anibel, la epidemia de dengue, la huelga de la ADP, las tasas de mortalidad materna, Odebrecht ... como recordatorio diario de los problemas enquistados en un país nervioso porque el desajuste entre la realidad y las promesas dibuja una sociedad al borde de una neurosis colectiva.

El mundo ha cambiado, pero hay una clase política ajena al futuro que todavía juega a “el Estado soy yo”.

(Y quizá lo sea...) l

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