El periodismo no es lo que era

El New York Times, la “dama gris”, la biblia de los periodistas de todo el mundo, ha anunciado la decisión de no publicar viñetas satíricas en su edición internacional a partir del 1 de julio. Es una decisión desconcertante, por radical y porque rompe con una tradición valiosísima del periodismo de cualquier país.

Las viñetas son contenido editorial del bueno y pueden ser más certeras, eficaces e impactantes que cualquier editorial construido con palabras.

¿Hay humor malo? Por supuesto: los humoristas no tienen carta blanca para ofender o denigrar (y los hay simplemente no graciosos). Pero esta decisión huele a censura. A querer agradar a todo el mundo a la vez, lo cual es física y metafísicamente imposible. A doblegarse a la imposición de lo políticamente correcto que es, además de todo, el aborregamiento de la sociedad. ¿Cuándo nos volvimos tan pusilánimes? Perdemos libertades bajo la excusa de ganar derechos.

¡Si Harold Priego leyera esto! Adiós Yuleidis y Don Tulio, críticas adorables de los políticos del momento.

Prohibido reírse de las gordas, de los calvos, de la tacañería de los españoles, de las mañas de los chinos. Cero bromas con ciegos, sordos, mancos, cojos, bajitos o mujeres barbudas, lesbianas, feministas, machistas y gays. Que nadie haga una broma sobre indígenas de cualquier lugar del mundo, incluidos los de Pamplona. Por supuesto, ningún comentario sobre mujeres con burka, musulmanes retrógrados o mormones suertudos. Prohibido reírse de uno mismo, por aquello de la autoestima.

Y ahora, para colmo, y a imitación del mejor periódico del mundo... ¿fuera viñetas satíricas?

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