La nueva vida de Sebastiao Salgado

En 2014 Sebastiao Salgado filmó un maravilloso documental sobre el trabajo de toda su vida titulado La sal de la tierra. Reconocido como uno de los grandes del reportaje fotográfico, este brasileño había dedicado una buena parte de su carrera a retratar para el mundo el dolor más profundo, la miseria humana. Lo inenarrable.

La sal de la tierra no olvida ninguno de esos capítulos que dejaron a Salgado vacío. Desolado. Vencido. Pero da un giro cuando cargado de cámaras y de otro deseo decide salir al mundo a retratar esta vez el planeta y no a esos humanos capaces de causar y de soportar tanto dolor.

Un paso más: Sebastiao Salgado vuelve a sus raíces. A la hacienda familiar en la que vivió una niñez rodeado de naturaleza y que encuentra desolada por las sequías, la erosión. Un retrato del daño que el hombre es capaz de causar al medio ambiente. A su propia fuente de subsistencia.

Y finalmente ocurre el milagro porque no todas las historias de los fotógrafos famosos son tristes y dramáticas aunque sean en blanco y negro. Salgado abraza la idea/desafío de Lélia Wanick, su compañera en la vida y se embarca en la reforestación de esa hacienda familiar. Hoy el proyecto de la Hacienda Bulcao es un referente mundial. Más de dos millones de plantas han devuelto el verdor, las especies nativas de flora y fauna y los ríos, las fuentes de agua.

Se puede. Se puede revertir la deforestación. El objetivo se cumple y se contagia a los vecinos. El secreto, respetar la naturaleza del suelo, sembrar las especies adecuadas. Hacer de un proyecto personal el proyecto de muchos.

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