20180112 https://www.diariolibre.com

El historiador inglés Lord Bryce ha observado que “quizás ninguna otra forma de gobierno necesita tanto de buenos líderes como la democracia”, porque la democracia para funcionar, a diferencia de los autoritarismos, requiere de una enorme cantidad de líderes a todos los niveles, tomando decisiones en favor de sus organizaciones, comunidades y el país.

Por eso siempre se ha considerado que una de las características más importantes del liderazgo es la capacidad del líder de separar sus intereses personales de los intereses de la comunidad a la que sirve. Por eso, uno de los pecados capitales que puede cometer alguien que aspire a dirigir una comunidad es el nepotismo.

Del mismo modo, un líder tiene como deber ineludible proteger la imagen de la organización a la que sirve. Promover arreglos que autoricen a pensar que se seguirá transitando “por los mismos viejos caminos, con los mismos viejos sistemas”, no es promover la salud de la organización ni potenciar su imagen hacia el exterior.

¿Cómo no pensar que una organización que reparte las posiciones dirigenciales en base al apego caudillista, no va a hacer lo mismo o peor una vez llegue al poder? Fue la pregunta que le hizo Balaguer a los cívicos: “si fue para hacer lo mismo que Trujillo, ¿para qué lo mataron?

El liderazgo conlleva una carga moral, de principios y de valores que deben ser mostrados a cada momento a la organización para orientarla en el rumbo a seguir. Si los líderes son los primeros en dar el mal ejemplo, ¿cómo condenar a los seguidores?

Esa, y no otra, es la causa del fracaso de la lucha contra la corrupción.

Esperábamos valores más modernos.

atejada@diariolibre.com

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