20180906 https://www.diariolibre.com

La muerte de la joven Andreea despierta muchas preguntas. ¿Las generaciones jóvenes repiten los mismos patrones de maltrato? Años, décadas de trabajo y campañas... ¿no han hecho bajar el número de víctimas?, ¿han tenido algún efecto medible? ¿Por qué hay tan pocas denuncias del entorno de una mujer maltratada? ¿Las hay pero no son tomadas en cuenta? ¿Sabemos las compañeras de trabajo o de estudios, hermanos y primas, amigos, los vecinos... protegerle?, ¿sabemos cómo actuar de manera eficiente, más allá del abrazo y la compañía solidaria? Parece que Andreea sí tuvo apoyo, aunque al final le llegara una muerte terrible. Por lo que se sabe, su familia y sus amigos trataban de protegerla. No bastó.

La violencia en el noviazgo no baja, se alarman los especialistas. Persisten las relaciones tóxicas aunque las costumbres hayan cambiado y las jóvenes sean más independientes del entorno familiar y tengan más libertad sexual. Pero todavía hay un muro de silencio sobre la violencia doméstica, como si existiera un extraño pudor social por “entrometerse en asuntos privados”. (Ya saben “en pleitos de marido y mujer bla, bla, bla...”)

¿Qué saben, qué piensan los hombres jóvenes y los adolescentes sobre la violencia? ¿Qué nos falta hacer? ¿Condenas más largas, hablar del tema todavía a edades más tempranas?, ¿explicar protocolos de actuación a familiares y conocidos? ¿Mejores vías de denuncia y acogida? ¿Otras medidas policiales?

Es difícil entender, desde la seguridad, por qué una joven o una mujer no logra salirse de una relación violenta. Las razones son muchas y complejas. Y no terminamos de aprender a desactivarlas.

IAizpun@diariolibre.com

COMENTARIOS
Para comentar, inicie sesión o regístrese