¿Objetivo, a favor de quién?

Esta fue la respuesta de un conocido periodista a alguien que le pidió fuera “objetivo”, en medio de un proceso en el que todo el mundo tomaba partido.

Usaré el saber y la práctica ética de don Javier Darío Restrepo para explicar este dilema:

Una característica del periodismo es su universalidad, es decir, su permanente disposición a informar para todos, para ser creído por todos y su renuencia radical a ser identificado con grupos o partidos... En esto se funda la dignidad de la profesión, en que sirve a todos con los instrumentos de la inteligencia que son las palabras y la información. Cuando el periodista se pone al servicio de candidatos, partidos, gobiernos o religiones se autolimita y se degrada. Y en vez de hacer información, hace propaganda. A la propaganda la caracteriza su visión limitada: solo ve las cualidades de un producto, de personajes, de un gobierno y eso es lo que comunica y es incapaz de ver y difundir las debilidades, errores y limitaciones de quien le paga. Por eso, la propaganda... siempre está bordeando la indignidad de lo mercenario.

El periodismo tiene la elevada dignidad de su libertad y de no reconocer otro amo que su lector y, a través de él, a la sociedad. Además del argumento de su dignidad, el periodista alega su compromiso con la verdad, que nunca está de un solo lado...

Esta es la explicación que tiene la insistencia de los códigos en la objetividad, en la tolerancia activa frente a las ideas distintas, el rechazo de los dogmatismos y de la adhesión de medios o periodistas a facciones que limitan su universalidad.

Por eso, el único partido de Diario Libre es la verdad, aunque duela, y constituye nuestro compromiso.

atejada@diariolibre.com

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