20180908 https://www.diariolibre.com

Es imposible no estar de acuerdo, claro. Mejorar las condiciones de vida de la mujer dominicana en términos económicos, de salud sexual y reproductiva, victimización por violencia íntima, riesgo de embarazos en adolescentes... La cuestión es quién y cómo debe hacerse.

La Vicepresidencia propone crear, construir y gestionar un modelo de asistencia, Ciudad Mujer, réplica de un programa desarrollado en El Salvador. Comienza pidiendo al Senado un préstamo de 20 millones de dólares del BID.

¿Y quién negaría la necesidad de arreglar o abrir nuevos caminos vecinales? El Ministerio de Agricultura ya está en ello, comprando equipos (que seguramente tiene Obras Públicas).

Las duplicidades en ambos casos son obvias. El Estado tiene instituciones y programas especializados en violencia de género, capacitación, préstamos para microempresas, asistencia a mujeres maltratadas... todos los campos que la Ciudad de la Mujer aspira a trabajar, incluyendo la construcción de los centros.

Las duplicidades no solo cuestan mucho, muchísimo dinero. Además conspiran contra el logro de los objetivos, entorpecen el trabajo, complican la burocracia, distorsionan los niveles de responsabilidad y competencias... Seguimos confundiendo organismos reguladores con ejecutores y nunca la confusión conduce a simplificar estructuras o reducir gastos. Si lo que gastan todas las instituciones del Estado en acción social se canalizara por la institución correspondiente, el grado de clientelismo estaría bajo mínimos. Pero... ¿quién se opondría en estos tiempos a programas a favor de la mujer ? ¿Y a ayudar al campo? Igual, ¿qué desalmado criticaría que los legisladores regalen mochilas a los niños del sur?

¿Quién hace qué? Trazar la línea se ha hecho imposible.

IAizpun@diariolibre.com

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