California ha abierto la puerta al cambio del modelo de empresa que ofrecen Uber y otras compañías de la llamada nueva economía. La ley que acaba de aprobar su Senado dicta que la compañía debe considerar empleados (no solo asociados) a los conductores que trabajan para ella.

Esto cambia radicalmente el escenario para un modelo que se ha extendido ya por todo el mundo.

El debate nació casi con ellas, con esas marcas globales con pocos trabajadores en su nómina: ¿son autonómos, trabajadores por cuenta propia, asociados independientes, socios, contratistas, empleados sin beneficios colaterales? ¿Qué código de trabajo o ley les ampara? ¿Es una salida eficiente que el mercado ofrece al desempleo?

Esta nueva economía se presenta como la oportunidad de ganar dinero de manera cómoda y flexible. Libre de jefes, horarios, ataduras. Para otros, es el fin de los derechos adquiridos por los trabajadores: sin sueldo ni seguro de desempleo, médico o de retiro. Su propuesta ha sido adoptada por taxis, deliverys, paseadores de perros (en otros países), servicios de reparación etc... Había una demanda, se ideó una oferta y se concretó en una solución de generación de ingresos para cientos de miles de personas.

El lenguaje importa, define la realidad. ¿De quién estamos hablando? ¿De un empleado desprotegido o de un socio, como los llaman? ¿Un empleado sin beneficios o un externo? ¿De un emprendedor, un contratista, trabajadores informales..?

Si son empleados... ¿la empresa debe proveer el carro? ¿Serán jornadas de ocho horas? ¿Y los conductores que taxean unas horas? ¿Es la solución para el que necesita más dinero? ¿O es que el capitalismo ha encontrado una manera de evadir impuestos y compromisos laborales?

¿Quién gana y quién pierde con decisión de California?

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