Una maleta con ruedas

“A marzo 2019 la cantidad de propiedades activas en Airbnb ascendía a 17,545 en el Distrito Nacional, La Altagracia, Puerto Plata, Samaná y La Romana, lo que equivalía al 22% de las 80,372 habitaciones hoteleras disponibles en el país al cierre de 2018.” Es un dato de Analytica.

Esta oferta de alojamiento es otra cara de la economía del turismo. Es la evolución del antiguo y socorrido alquiler de la habitación desocupada de la casa pasado por la proyección mundial que da una buena plataforma web. Es una súbita y desleal competencia para la industria hotelera, dirán unos. Es la economía colaborativa, lo que trae el futuro, dicen otros. Son millones de hogares en todo el mundo alojando a millones de viajeros.

Airbnb es al sector del alojamiento lo que Uber para el sector del taxi. En Estados Unidos ya se ha anunciado la primera huelga de los conductores de estas empresas. Como también ha ocurrido en España, la Justicia deberá determinar en algún momento el estatus de empleado o de autónomo de los conductores frente a estas grandes compañías.

Quedan por definir temas de beneficios, derechos, asuntos impositivos, controles, seguridad, responsabilidad... ¿Tiene las mismas garantías y derechos el huésped de un Airbnb que el de un hotel? ¿Es una solución a una situación de estrechez económica? ¿Es una buena salida entre empleos? ¿Es el complemento a una pensión insuficiente? ¿Es una inversión para clase media y/o para grupos financieros? ¿Abre la posibilidad de viajar de millones de potenciales turistas que no podrían pagar un hotel?

¿Es realmente una herramienta de dinamización económica o es una amenaza para el sector hotelero tradicional?

En la Ciudad Colonial ya son parte de la vida diaria: esos turistas con sus maletas rodantes son la prueba de que los vecinos de la Zona se quedan a vivir en ella.

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