20171218 https://www.diariolibre.com

Mucho se ha hablado de las barreras que obstaculizan las reformas en los sistemas políticos y la frustración que provoca el hecho de que “mientras más cambian las cosas, más igual se quedan”. El profesor Marc M. Linderberg ha identificado las cuatro barreras que tiene todo proceso de reforma institucional y que hay que vencer si se busca un cambio cualitativo en el país.

Los obstáculos son el contexto institucional o de las reglas, entre las que incluye la falta de tradición de negociación y diálogo; los partidos políticos, muchos de ellos partidos de notables con estructuras poco democráticas; las organizaciones cívicas, con predominio de fuertes grupos de intereses económicos y las instituciones de gobierno, con sistemas corruptos e irresponsables.

Enfrentar estos problemas con nuevas leyes o procesos educativos es el cuento de nunca acabar. No nos podemos hacer ilusiones de que partidos y gobiernos corruptos van a ceder las ventajas que les da el sistema, pero el país no se encuentra todavía en una “situación revolucionaria” como sueñan algunos.

Lo que ordena la coyuntura es un movimiento para conquistar una pequeña reforma que pueda enviar el mensaje correcto a políticos y administradores, así como a la población. La propuesta consistiría en la creación de un Tribunal de Salvaguarda del Patrimonio Público, independiente del Poder Judicial, que se encargue de juzgar todos los delitos de corrupción estatal.

La ventaja de este tribunal es que no afectaría a los “buenos” y sería muy difícil de atacar por parte de los corruptos. La propuesta obligaría al Gobierno y a los legisladores a mostrar que su apoyo al adecentamiento del Gobierno es más que palabras.

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