¿Vivir en paz con la tragedia?

Ya pocos recuerdan a Vanessa. La desgarradora lista de mujeres asesinadas por sus parejas que recopiló Margarita Cordero solo vive en la “nube” y en los anaqueles. Emely solo suena cuando se cumple un nuevo plazo judicial y se revive la pesadilla real de su tragedia...

Y así se siguen perdiendo los casos en una memoria llena de atropellos y de por qué que no parece dar con una explicación plausible que ponga fin a tanta violencia sin sentido.

Y entonces, supimos de Anibel...

Cuando se reflexiona sobre cualquiera de los casos citados surgen tantas interrogantes y tantas realidades incontrovertibles que resulta increíble que este país no se haya levantado como si fuese una sola alma para acabar con esta secuela de males colectivos.

Porque si de buscar culpas se trata, tenemos que comenzar por la educación, tanto en la familia como en la escuela y los estereotipos que dominan la relación entre los sexos, pasando por los modelos de masculinidad que hemos inculcado en amplios sectores de la población. Luego tenemos un sistema judicial que más que ayudar a resolver la indefensión, es incapaz de notificar al agresor la posición del Estado sobre su conducta.

Por otro lado, junto a la impunidad aberrante, existe un mercado de armas y sicarios que nadie parece controlar y todo un sistema sancionador y de vigilancia incapaz del menor control sobre los que han mostrado una conducta que amerita un cuidado especial.

Y finalmente, quedamos los silentes, que comentamos con rabia lo sucedido y después nos olvidamos de la tragedia y pretendemos vivir en paz...

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