Votar a favor, en contra y viceversa...

Las de 2020 pueden convertirse en las elecciones que consagren la tasa de rechazo como la reina de los comicios. Los cálculos, según encuestas recientes y sesudos análisis vienen más o menos así: los votantes que rechazan a Hipólito son más numerosos que los que rechazan a Leonel, pero si los que rechazan a Danilo se alían a los que rechazan a Luis (que es menos rechazado que Margarita pero por el momento más que David) podríamos tener una segunda vuelta. Así de claro...

Y eso, sin contar con las municipales de las que saldremos todavía más mareados. Todo ello, por supuesto, contando con el más o menos del margen de error y de que no sabemos quiénes son los candidatos. Ni los candidatos saben quiénes son los candidatos y además... nadie tiene padrón.

Los políticos están probando estrategias de comunicación para alegría de las redes sociales y por ahora en los dos márgenes del PLD se echa de menos a Joao Santana (y esposa), que era un excelente asesor político aunque confundiera la propaganda con el presupuesto.

Es lo que tiene arrancar las campañas antes de tiempo. Que se hacen muy largas, se hacen enemistades innecesarias y los ciudadanos nos distraemos de lo que importa.

Además, merecemos algo más que unas elecciones planteadas bajo el voto negativo y de que gane “el menos odiado”. Sin sermones ni trampas, sin tratarnos como menores de edad (la infantilización de la sociedad en todos los entornos, ¡ese problema!) los partidos deben ser capaces de enseñarnos una cara más optimista, más ilusionante, unas ideas menos aburridas. Atreverse a no repetir clichés. Para los ciudadanos los problemas son tan obvios, tangibles y viejos, que no necesitamos más que dos o tres ideas creíbles para movernos a votar.

IAizpun@diariolibre.com

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