Anuncian el diluvio y se van secos...

Nos encanta pronosticar la tragedia

Como ahora todo se mide o registra, fuera bueno llevar la cuenta de los anuncios fallidos. Las cosas que se dice sucederán, pero que se quedan en el tintero o en el deseo del intrigante.

Balaguer, fiel a lo clásico, calificaba esas voces de Casandra, pues la mala costumbre viene de lejos y desde mucho antes el reinado de los profetas sin tierra.

Bosch era más pícaro, o políticamente oportuno, y antes que pronosticar, presagiaba. Solo que unas veces se le daba, pero en la mayoría de los casos abanicaba, o peor aún, se quedaba con el bate al hombro.

Ahora ocurre otro tanto, y con una frecuencia que pasma. Pocos países tienen una vida pública e institucional tan intensa.

Lo que se dijo de la Junta nunca fue, y de poco se olvidó todo el mundo. Con el Tribunal Electoral no fue diferente, y de igual modo, nadie recuerda. La Magistratura será en octubre, y desde ya los augures tienen a manos las palomas y empiezan a abrir sus vientres. Fulano se va, mengano se queda. Al final podría ocurrir lo contrario: irse mengano y fulano quedarse, pero hay gente que se la juega, que hace afirmaciones caprichosas y después se queda de lo más quitado de bulla.

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