Las instituciones amargan la vida...

Los partidos quieren seguir sin ley

Si se hiciera historia, y no la de Bernardo Pichardo, se recordaría que la Constitución que ahora tiene a tanta gente a favor o en contra, no fue parto fácil. Tampoco con comadrona, con médicos, pero sobre todo con uso de aparatos.

La criatura no trajo pan bajo el brazo y no fue aplaudida por todo el universo político. Desde un principio se supuso y se sospechó.

Con decir que cinco años después, menor de edad y sin todavía ir a la escuela, hubo que corregirla de mala manera. Era piedra en el camino.

Aunque el mayor agravio fue que creó instituciones, las llamadas altas cortes, y desde entonces la política tiene que mirar dónde pisa, o cuidarse los callos.

Ese Constitucional a cualquiera le amarga la vida, y del TSE no se diga.

Si se hubiera sabido antes como se sabe ahora de la legislación electoral y de partidos, esos engendros se hubieran quedado en tinta.

Eso de organizar eventos pensando que sobre la cabeza pende una espada con hilo tan fino que no hace falta brisa para que caiga, no es el mejor de los reposos.

El tanto amparo creó el más insufrible de los desamparos.

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