Derecho al silencio
El nuestro es un país ruidoso, como casi todos los países tropicales, pero República Dominicana lo es más por fallas en los servicios públicos, que obligan a tener ruidosas plantas, y por la falta de consideración de muchos.
Las plantas son insoportables, y al que le tocó vivir al lado de una empresa que deba tener una encendida por diversos motivos, le corresponde la pesadilla de no tener paz ni poder conciliar el sueño de día ni de noche.
Pero los modernos aparatos de excavación son otra pesadilla. Parece que los alquilan por horas, pues no se entiende la necesidad de empezar tan temprano a trabajar, no importa que sea domingo, impidiendo el descanso de los vecinos.
Y ni hablar de las bocinas de los colmadones, de las de los carros que la tocan con o sin motivo, y muchas veces por la prisa de querer llegar primero al próximo tapón.
La gente tiene derecho a que la dejen descansar en paz. La falta de educación, de caridad y de respeto al otro es lo que está hundiendo a este país y lo que hace tan difícil vivir aquí.
Diario Libre
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