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Dónde meter la cara ahora...

Mucha gente se quedó con el traje hecho...

Los peledeístas de Danilo se quedaron esperando, pues al final se impuso la verdad que había adelantado: fueron más las cabezas que los sombreros.

Todavía no se conoce la reacción de los compañeros y aliados que se quedaron fuera, pero ese ruido viene, más tarde o más temprano.

Ojalá que nadie pierda la compostura y caiga en desatino, pues no es fácil aguantar las cuerdas de los amigos y cualquiera se las cobra con el menos indicado.

Además, la vergüenza es mala consejera.

Danilo, hay que reconocerlo, guardó silencio durante la transición, y no le dijo nada a nadie, ni siquiera de juego, como si su gente no tuviera derecho a ser feliz.

No obstante, hubo quienes se embullaron, y lo que es peor, se fueron de boca. Creyeron en confidencias de cocina, y hoy se sienten mal cuando los interpelan: "Oh, compadre, y usted no me dijo que iba para ...", un puesto que ya ocupa otro.

Trance difícil, amargo, y que no basta con tragar en seco para responder con media sonrisa: "Bueno, compadre, usted sabe cómo son estas cosas...".

Como cantaba Matamoros: "el que siembra su maíz, que se coma su pinol...".