20180904 https://www.diariolibre.com

El caso de los ríos Ozama e Isabela, cuyos principales “afluentes” son 54 cañadas llenas de basura y 241 empresas del Gran Santo Domingo que vierten sus desechos en el caudal de esos ríos, ya no es un tema de recoger plásticos cada vez que llueve.

Es una tormenta perfecta fruto de nuestra incapacidad para planificar, para poner controles, para recoger la basura y del precario compromiso de las autoridades para cumplir con sus obligaciones para con sus votantes.

Lo que pasa hoy con estos ríos es el resultado de la política del método más barato, ignorando la sabiduría ancestral de que lo barato sale caro. Permitir las ocupaciones sin control impide que se recoja la basura. Permitir que las empresas, que para instalarse deben pasar inspecciones de todo tipo, lancen sus desechos industriales al río, era la solución barata que ahora nos cuesta tanto. Y no buscar soluciones a tiempo a pesar de que las denuncias vienen de años atrás, es una irresponsabilidad que raya en el delito.

Ejecuten un plan integral que salve a estos ríos y que dé a los habitantes de esta ciudad motivos para votar.

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