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El león, el loco, o el barbarazo...

Como están las cosas, es difícil establecerlo...

La ocasión era memorable para discurrir largo y profundo sobre los temas de la economía en el país y en el mundo: la puesta en circulación del último libro de Temo.

El propio ministro se sintió en sus aguas, y para un profesor de buceo, profesor y medio.

Explicó el fenómeno: las cosas iban mejor que bien y de cómo un buen día todo se fue a pique, y lo hizo con una expresión pedestre pero al alcance de todas las inteligencias.

Dijo "… y entonces se soltó el león", creyendo que las palabras son inocentes y no contienen perversidad. La reacción no se hizo esperar.

Desde el mismo panel, Leonel, no como presidente, sino como comentarista, más o menos corrigió: "El león, no. El loco". Y al autor, entre risas y aplausos, no le quedó de otra que corregirse. "Bueno, sí, se soltó el loco…".

El ex, por lo visto, está muy atento a lo que se dice y no quiere que su marca de fábrica, El León, sea afectada ni con el pétalo de una rosa. Aunque viendo los gritos de las nuevas autoridades, o voces de oposición, si no fue el León de Temo, ni el Loco de Leonel, tuvo que ser el Barbarazo de Wilfrido.

Pues la verdad sea dicha: acabó con tó.