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Rochy RD y La Demente

Una pareja especial

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Rochy RD y La Demente

No solo “Romeo y Julieta” de William Shakespeare ha abierto grietas de pena en el alma universal. La literatura está poblada de cuadros compulsivos de amor. El romance obsesivo ha tenido otras parejas: Mr. Darcy y Elizabeth Bennet (“Orgullo y prejuicio”, de Jane Austen), Heathcliff y Catherine Earnshaw (“Cumbres Borrascosas”, de Emily Brontë), Hazel Lancaster y Augustus Waters (“Bajo la misma estrella”, de John Greene), Anna Karenina y Conde Vronski (“Anna Karenina”, de Léon Tolstoi), Madame Bovary y Rodolphe (“Madame Bovary”, de Gustave Flaubert), Baltasar Sietesoles y Blimunda Sietelunas (“Memorial del convento”, de José Saramago). 

El hilo de referencias se estira hasta romperse en la memoria de quienes leen literatura romántica. Hoy, a modesta escala, late una inédita emoción en el paraíso del dembow, República Dominicana, tan morbosa como para distraer su barata rutina. Me refiero al romance de Rochy RD y La Demente, ambos en prisión. Digno al menos de una saga para el mejor streaming.

Quizás sus nombres no hablen mucho. Es necesario conocer el “ecosistema urbano” para saber que estos muchachos no hace mucho tiempo dejaron de ser menciones anónimas del barrio y hoy exhiben tallas de figuras públicas con miles y miles de seguidores en las redes y en las plataformas de video. 

La historia de Rochy RD no se separa de la crónica del barrio en sus tonos más agudos. Es un producto de sus agonías y avatares, convertido a bregas en marca musical para atraer las monetizaciones de Youtube, un flujo que, convertido en papeletas, es guardado en fundas negras por el cantante en su casa, según el testimonio de su novia. Sus canciones, con lírica repentista y estropeada, son latidos crudos de la vida barrial: La tiradera entre tígueres (Atrás de los 800), la ostentación y la buena vida (Alta gama), la porfía por una mujer (Ella no es tuya), la violencia pandillera (Los Iluminati).

“Primero Dio, luego mi gánter” proclama por su parte La Demente en una entrevista de Alofoke Radio (“La Meca” urbana) con casi dos millones de vistas publicada semanas antes del apresamiento de su Rochy. Esta chica, grácil, agitada y sugerente, arrastra un pasado breve, pero tormentoso. Hija del abandono obligado de su padre, condenado a diez años de prisión por “una pila de vaina” y criada en un “barrio calentón”, según ella. 

Rochy RD ha sido la “redención” de La Demente. Ella compensa su profana tutoría consintiéndole una dominación sádica que incluye buscarle mujeres para compartir sexo grupal. Una confesión que hace de forma tan jovial como ponerse sus gafas de sol frente a las cámaras. “Somo tré (las novias) y luego, la pila e’ cuero…”. En esa trama, que presuntamente incluye menores, confiesa que su macho duerme “hasta con diez”; eso sí, después de haber “orado”, una práctica asidua antes de abandonarse al sueño. Dice que se ha ganado la distinción del cantante urbano porque él entiende y le gusta “su sistema”: un modelo de rendición que supone acatar su propia anulación para hacer todo lo que al muchacho le apetece. Frente a la pregunta de si ella ha “tortillado” con esas mujeres, no repone y se destapa: “Si me gustan, nos vamos al cien. Ellas me dan mi besito y de tó”. Es probable que La Demente no sea bisexual y que acceda a este juego constreñida por la devoción a su novio. 

No pasaron tres semanas de esa entrevista, cuando Rochy RD era acusado de tener sexo con una menor de edad de 16 años, contratada presuntamente por La Demente. En el expediente se consigna que era ella quien escogía a las menores, a las que les pagaba diez mil pesos por encuentro. En la investigación se destaca que la víctima creció expuesta a “situaciones de riesgo como conflicto familiar, desatención infantil, abandono emocional, manejo de dinero sujeto a contratos emocionales y sexuales, consumo de drogas”. 

La Demente abandonó los estudios cuando apenas comenzaba el bachillerato. Se refiere a ellos de forma desdeñosa. Y para confirmarse en su decisión pone de ejemplo algunas de sus amigas, que, según su testimonio, tienen un título académico sin poder darse la vida exuberante de lujos, ropas, teteos y flow que ella se gasta. El mensaje es dañino, pero ella está convencida de que fue la decisión más certera; además, es la novia de Rochy RD: razón de vida que parece bastarle. 

Si la crónica antes descrita fuera una referencia episódica no me ocuparía del tema. El problema es que apenas es una muestra de un trasfondo más hondo. Retrata un drama de inmensas dimensiones sociales y que desborda la farándula, el morbo mediático, la condena social y la explotación de las vidas privadas. Nos confronta con nuestros fracasos a pesar del bullicioso progreso. 

No me concierne reprobar conductas individuales, pero sin justificarlas, creo que se nos hizo bien tarde para pensar colectivamente en la base social y ver el cuadro completo. Rochy RD y La Demente pueden resultar responsables de los delitos que se les imputan, pero no dejarán de ser víctimas sociales de una realidad que los sobrepuja y que somete a su señorío a miles y miles de muchachos de barrio, huérfanos de atención, rumbos, accesos y oportunidades. Al menos ellos han usado la música como un vehículo de expresión de una identidad arrimada por una sociedad patéticamente desigual. De lo contrario, serían arrastrados a la actividad criminal de calle. 

Creo que el mensaje de las vidas de estos muchachos es concluyente, como para que al menos miremos dónde yace una buena parte de nuestra juventud, segmento mayoritario de la población en el que el 53 % tiene menos de 35 años. El cuadro se oscurece con otras sombras: el 20 % de las mujeres jóvenes tiene su primer hijo antes de los 18 años (34 % entre las más pobres y 49 % entre las que solo terminan la primaria); el 2 % de las mujeres jóvenes tuvo un hijo antes de los 15 años y cerca de 900,000 jóvenes son oficialmente ninis (ni estudian ni trababan). Escoltando este cuadro, un batallón de casi un millón y medio de madres solteras reinventan la vida a su manera… 

Y así marcha el barrio, cabalgando a trotes sobre una vida siempre urgida en la que la canción de mando gana perreo, pero termina ahogada en sus cunetas: “Ando en la calle, soy el mismo de siempre. Por más que me he busca’o, no me le viro a mi gente. Sigo entrando pa’l barrio, soy el mismo de antes. A mí nadie me ha cambia’o, tengo un sistema de gangster” (Rochy RD). 

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Abogado, académico, ensayista, novelista y editor.