07 SEP 2018, 12:00 AM

El Banco Mundial y sus críticas al Gobierno

El gasto público no solo es abultado por las ineficiencias propias de un país con bajos niveles institucionales, sino también por los procesos de corrupción que con frecuencia los acompañan; de manera que el examen de dicho gasto debe ser desde arriba hasta abajo.

20180907 https://www.diariolibre.com

«En términos más generales, basándose en 17 países de la OCDE a lo largo de un período de 30 años, Alesina et al. (2015) llegan a la conclusión que, en numerosos casos, los ajustes fiscales basados en reducción de gasto no han estado asociados con recesión alguna, a diferencia de los ajustes fiscales basados en suba de impuestos, que típicamente han resultado en recesiones prolongadas y profundas. Por lo tanto, parece razonable concluir que es muy posible que haya beneficios a corto plazo de los ajustes fiscales». Ajuste fiscal en América Latina y el Caribe: ¿costos en el corto plazo, beneficios en el largo?,

Banco Mundial, abril, 2018

Alessandro Legrottaglie, representante del Banco Mundial en la República Dominicana se ha unido a una lista – bastante numerosa – de analistas que han mostrado sus legítimas preocupaciones por la trayectoria que está siguiendo la economía dominicana y la postura de auto complacencia que han adoptado las autoridades económicas del Gobierno. De acuerdo con las reseñas periodísticas aparecidas este martes en los medios impresos, Legrottaglie planteó sus inquietudes alrededor de la calidad del gasto público y de los niveles de endeudamiento que provocaron una rápida respuesta del Ministro de Hacienda.

Planteó el funcionario del Banco Mundial que debido a la imposibilidad de discutir un pacto fiscal antes de que concluya la presente gestión de gobierno – lo cual quiere decir que la política domina y contamina a la necesaria agenda económica del país – es recomendable que el Gobierno identifique e implemente algunas medidas dirigidas a mejorar la calidad del gasto público y a reducir su nivel, dos aspectos que están muy vinculados. Y, como si esto fuera poco, se refirió al gasto en educación, electricidad y salud. En estas áreas, tan cruciales para la calidad de vida de los dominicanos, entiende que se gasta mal, o, en su lenguaje, que se podría gastar mejor.

Después de seis años aplicando el 4% a la educación preuniversitaria se pudiera decir que el largo plazo le llegó a la educación dominicana sin cambios significativos en la calidad educativa que los alumnos están alcanzando en las escuelas públicas. Ni siquiera ha sido posible alcanzar la primera y principal meta del Gobierno asumida en agosto de 2012 de que en un par de años a partir de su juramentación se lograría que el país fuera declarado libre de analfabetismo. Ese propósito ha sido prácticamente olvidado por una opinión pública saturada por otros problemas más cotidianos y aparentemente más urgentes.

Igualmente ha pasado con el tema eléctrico. Olvidando la historia reciente de las empresas públicas en nuestro país –una historia llena de saqueos e ineficiencias– el Gobierno se embarcó en la mayor inversión pública concentrada en un proyecto que de solo mencionar su nombre –Punta Catalina– desata la ira de una amplia franja de la población. Cerca de cien mil millones de pesos se han invertido en ese proyecto sin que todavía se pueda anticipar con certeza su costo final. Muy recientemente, un funcionario del sector eléctrico declaraba que Punta Catalina solo mantendría el statu quo. O sea, no vendrá la tan cacareada y dilatada solución al problema eléctrico.

El otro tema que mencionó el representante local del Banco Mundial fue el de la salud, al resaltar que es un tema crítico y que se puede gastar mejor para dar un mejor servicio. Para muchos expertos y asociaciones el sistema de salud está en crisis. En los hospitales públicos faltan medicamentos, laboratorios, equipos y otros insumos indispensables, según han denunciado organizaciones especializadas en el tema sanitario.

Si bien el Banco Mundial está focalizado –en el caso de la Repúblicas Dominicana– en la calidad del gasto público en las tres áreas que hemos mencionado –educación, electricidad y salud– el problema de la calidad del gasto público no se limita, como es obvio, a esas tres áreas.

El gasto público no solo es abultado por las ineficiencias propias de un país con bajos niveles institucionales, sino también por los procesos de corrupción que con frecuencia los acompañan; de manera que el examen de dicho gasto debe ser desde arriba hasta abajo.

Las críticas de Legrottaglie no hubiesen resultado tan polémicas si se hubiese circunscrito a los temas anteriormente enfatizados. Lo que hace controversiales esas declaraciones es que el representante del Banco Mundial ha dicho que la deuda pública tiene una tendencia hacia el alza y que es necesario controlarla. Nada nuevo, por cierto. Si se debe controlar es porque está descontrolada o en proceso de descontrolarse. Eso se viene repitiendo una y otra vez por analistas independientes o dependientes. Pero que lo diga el Banco Mundial le confiere al planteamiento un cierto grado de autoridad, pues se supone que ese organismo internacional está motivado por el interés de ayudar al país.

Lo curioso es que el Gobierno ha descalificado el planteamiento del representante del Banco Mundial al considerarlo como “extraño”. Y que esas declaraciones “no se sustentan en las informaciones disponibles”. ¿Realmente? Hace rato que la deuda pública cruzó el umbral del 50% del PIB. ¿Es eso alto o bajo? ¿Se siente el Gobierno tranquilo con las necesidades de financiamiento presupuestario? ¿No le preocupa al Gobierno la alta proporción de los ingresos tributarios que se dedica al servicio de la deuda pública?

Es evidente que a las autoridades económicas les resulta difícil –o, casi imposible– conciliar las agendas política y económica; lo cual es muy lamentable para un país que necesita de líderes que vean más allá de las próximas elecciones... ¿Es mucho pedir?

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@pedrosilver31

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