Irán y el orden mundial

Uno de los pilares de la turbulencia en esa región, se origina en la concepción de gobierno: el Estado es solo un instrumento para ejecutar el designio divino, interpretado por medio de la visión de Mahoma.

El mundo ha vivido fuertes episodios de tensión en medio oriente. En ese espacio geográfico confluyen reservas prodigiosas de petróleo, religiones monoteístas en disputa y pretendidas diferenciaciones supremacistas.

En el plano religioso está el mundo islámico, dividido en dos facciones, sunitas y chiítas; cristiano; y judaico.

Allí perviven pueblos en apariencia irreconciliables, a pesar de su tronco común. Y campea la avaricia de quienes pretenden dirigir el mundo, en su ajetreo por mantener zonas de influencia y beneficios para una clase mundial cuya prosperidad es la cara amable de la miseria que arropa al mundo subdesarrollado; una imbricada con la otra.

Persia fue uno de los grandes imperios de la humanidad. Irán, heredera de aquella cultura, aspira a dirigir la renovación espiritual situándose como centro del poder islámico.

El libro Orden mundial, de Henry Kissinger, editado en 2014, da indicios de hacia dónde podría encaminarse el futuro en esa zona conflictiva.

Uno de los pilares de la turbulencia en esa región, se origina en la concepción de gobierno: el Estado es solo un instrumento para ejecutar el designio divino, interpretado por medio de la visión de Mahoma.

El autor del libro, al referirse a la aspiración de derrocar el orden mundial existente, asegura que, en ese aspecto, “los islamistas de ambos bandos –sunitas y chiítas- están en líneas generales de acuerdo.” Por tanto, pudiera ser afortunada la evidencia de que, entre ellos, continúa pesando más su división interna, que la visión estratégica.

El asunto se complica cuando se agrega el ingrediente nuclear, pues, de acuerdo con el autor, para los ayatolas “la disputa con occidente no es una cuestión de concesiones técnicas específicas ni de negociar fórmulas, sino una contienda para definir la naturaleza del orden mundial.”

Kissinger tiene muy claro, al igual que la clase política de los Estados Unidos, que “ningún acuerdo debe dejar a Irán en la posición de potencia nuclear virtual”.

De hecho, hace apenas pocas semanas que Estados Unidos se retiró del acuerdo nuclear firmado con Irán en la administración Obama. Y hace pocos días que fueron bombardeados por Israel objetivos iraníes en Siria.

Viendo el futuro con excepcional claridad, Henry Kissinger escribía, en 2014: “Las tentaciones de los rivales geoestratégicos de Irán –entre ellos Turquía, Egipto y Arabia Saudí- de desarrollar o adquirir sus propios programas nucleares para igualar la capacidad iraní se volverán irresistibles. El riesgo de un ataque preventivo israelí aumentará de forma significativa.”

El ex secretario de Estado de los Estados Unidos reconoce en su libro:“Los portavoces de la administración (estadounidense) han recurrido a la idea de que un conjunto de estados sunitas (y quizás Israel) equilibren el poder de Irán. Pero si esta configuración se hiciera realidad, tendría que ser respaldada por una política exterior estadounidense activa. Porque el equilibrio de poder nunca es estático; sus componentes están en flujo constante.”

Lo más preocupante sería que ese equilibrio se lograra con este conjunto de países convertidos en potencias nucleares, en vez de alcanzarse sin que ninguno de ellos poseyera la bomba nuclear.

Kissinger afirma: “Estados Unidos debe estar abierto a una reconciliación genuina y hacer esfuerzos coherentes para facilitarla. Pero, para que esos esfuerzos triunfen, es esencial tener un sentido claro de la dirección, en especial sobre el tema clave del programa nuclear iraní.”

Concluye que “Irán necesita tomar una decisión. Debe decidir si es un país o una causa. Estados Unidos debería estar abierto a una perspectiva de cooperación y estimularla.”

La experiencia del ex asesor de seguridad de los Estados Unidos lo lleva a aconsejar que, “en el futuro EE.UU. tendrá que funcionar como un país que haga de balanza. Y podrá cumplir mejor ese papel si está más cerca de cada una de las fuerzas contendientes de lo que esas fuerzas están entre si, y si no cae en la tentación de suscribir la estrategia de cada parte, particularmente en los extremos.”

En los últimos tiempos se observa a Estados Unidos apuntalar y suscribir la estrategia de una de las partes, precisamente en los extremos, contrario a la recomendación expuesta por Henry Kissinger.

Según el autor del libro, eso podría resultar en un error fatal, porque “si EEUU persigue sus propios objetivos estratégicos, puede ser el factor crucial en determinar si Irán sigue el camino del islam revolucionario o el de una gran nación legítimamente perteneciente al sistema de estados wesfaliano. Pero EEUU solo podrá cumplir ese rol si se involucra, no si se retira.”

El asunto es que cualquier error de juicio en esta materia, podría conducir, nada más y nada menos, a poner en juego la paz mundial.

Países pequeños como el nuestro, no tienen participación en estas disputas y harían bien en no procurarla, salvo aferrándose a la defensa de un orden internacional con predominio de los valores democráticos, en el cual la prosperidad se esparza para todos.

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