La unificación de las estadísticas nacionales

«En el SCN [Sistema de Cuentas Nacionales] se definen ciertas magnitudes agregadas clave, como el PIB, utilizadas generalmente como indicadores de la actividad económica de la economía total, pero su cálculo ha dejado de ser desde hace tiempo la finalidad primordial de la elaboración de las cuentas. Para comprender el funcionamiento de la economía es esencial tener la posibilidad de observar y analizar las interacciones económicas que tienen lugar entre sus distintos sectores. El SCN puede aplicarse para distintos niveles de agregación: para los agentes económicos individuales (o unidades institucionales, como se denominan en el SCN), para grupos de estas unidades (o sectores institucionales) o para la economía total». Naciones Unidas, FMI, OCDE, BM, y la Comisión Europea, Sistema de Cuentas Nacionales, 2008

Cada vez que el Banco Central presenta su informe trimestral sobre el comportamiento de la economía dominicana surgen conjeturas acerca de la veracidad de las cifras oficiales. Parte de la no credibilidad de estas cifras se debe a la percepción -correcta o no- de que el extraordinario crecimiento de la economía dominicana no guarda proporción con los avances que se han hecho en materia de los indicadores sociales, especialmente en la lucha contra la pobreza y en la generación de empleos formales en el sector privado. Asimismo, se percibe que el crecimiento económico ha ocurrido en un entorno de grandes debilidades institucionales, reflejadas en una gestión pública muy deficiente y en preocupantes niveles de endeudamiento público.

Pero la mayor crítica que se hace en los círculos especializados es que la misma institución que establece las metas económicas en cuanto a crecimiento e inflación sea, a la vez, la institución encargada de medirlas; lo cual, crea un obvio conflicto de intereses. Esta ha sido una realidad no solo en el caso de la República Dominicana, también en otros países de América Latina el Banco Central ha hecho esas mediciones. Las razones han sido similares: la burocratización, la politización, la falta de recursos económicos y la baja calidad de los recursos humanos en las instituciones públicas fueron poniendo en los bancos centrales la responsabilidad de recolectar, procesar y generar las estadísticas oficiales.

Esto no significa, sin embargo, que en pleno siglo XXI esta situación no pueda ser abordada de una manera más eficiente a través de un sistema unificado de las estadísticas dominicanas. De hecho, ha habido varios intentos fallidos en el poder legislativo para la creación de un sistema nacional de estadísticas. Algunos de esos intentos no eran una solución eficiente al problema; en particular, porque no abordaban correctamente el proceso de transición hacia la creación de un órgano estadístico con la suficiente autonomía, tanto de gestión como presupuestaria.

Un aprendizaje de la experiencia en la generación de las estadísticas dominicanas - y probablemente en cualquier otra parte - es que ese proceso debe estar lo más lejos posible de las influencias políticas. Por eso, los bancos centrales han sido el mal menor, pues normalmente tienen una mayor autonomía que las demás instituciones del Estado. De esto no se puede concluir que el banco central sea el refugio o el lugar ideal para las estadísticas de un país. Por el contrario, el riesgo moral entre metas económicas y sus mediciones debe ser evitado separando institucionalmente ambas cosas.

Esa separación requiere – para que sea exitosa – de la colaboración sincera del Banco Central. De otra forma, el proceso pudiera resultar traumático. No sería, sin embargo, la primera vez que una función realizada por el Banco Central es traspasada a otra institución pública, como fue el caso cuando las estadísticas de la deuda pública fueron entregadas al Ministerio de Hacienda. En parte, el éxito de ese proyecto se debió al apoyo material y humano que el Banco Central brindó durante el proceso de transición.

Algo similar debe ocurrir con las estadísticas de cuentas nacionales y de precios. Pero con una gran diferencia. Si esas funciones fueron traspasadas en el actual contexto institucional se correría el grave riesgo de no tener las estadísticas al menos oportunamente y con un nivel mínimo de calidad. De ahí que se deba insistir en la necesidad de tener un sistema nacional de estadísticas con la suficiente autonomía y profesionalidad antes de dar ese paso. Para ello, la colaboración del Banco Central resultaría crucial.

La definición de autonomía también pudiera resultar crucial. En algunas de las iniciativas legislativas se ha planteado que el órgano superior jerárquico del sistema de estadísticas estaría compuesto por una mayoría representada por los distintos ministros. En la práctica, esto significaría que no habría tal autonomía. Si el verdadero interés es despolitizar el proceso sería un contrasentido que la solución fuera agregar más políticos a dicho proceso. Bajo esas condiciones un informe económico no tendría ninguna credibilidad.

Las estadísticas dominicanas requieren de una mayor transparencia en cuanto a los procesos subyacentes que son necesarios para su elaboración. Esa transparencia es la única que puede garantizar que la credibilidad de las cifras no dependa de las personas, sino de las instituciones. Y esa transparencia se traduce en una mayor capacidad en los investigadores independientes para replicar los procesos y los modelos que sirven de base a los resultados que se presentan en forma de cifras oficiales. Mientras llega la necesaria reforma para unificar las estadísticas dominicanas, la transparencia es la única vía para fortalecer la credibilidad de tales cifras.

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