Lecciones de Venezuela: sembremos nuestra riqueza

Venezuela fue muriendo de prosperidad. Ese inmenso flujo de riqueza, capaz de transformarla en una nación moderna, próspera, equilibrada y creadora de riqueza, tuvo sin embargo un efecto pernicioso en toda la nación.
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Los problemas de hoy derivan de las “soluciones” de ayer.” Afirma Peter Senge en su libro La Quinta Disciplina. Los partidos políticos, las empresas, la familia, las naciones son sistemas. El pensamiento sistémico es una herramienta para comprender cómo funcionan estos, incluyendo el todo y sus partes y las relaciones entre estas, así como entre los sucesos y las partes, ayudándonos a comprenderlos e interactuar con ellos.

Los conflictos en los sistemas tienen una historia, una prehistoria y una intrahistoria. La impunidad de hoy tiene su origen, entre otras causas, en el “borrón y cuenta nueva” de ayer.

El 14 de julio de 1936, Arturo Uslar Prietri publicó en el diario Ahora un artículo titulado “Sembrar el petróleo”, exponiendo la creciente dependencia de Venezuela del petróleo y propuso la urgencia de salir de ese esquema... “había que utilizar el petróleo no para pagar más importaciones, sino para buscar fuentes de ingresos para el país y crear fuentes de producción que contribuyesen a un desarrollo sostenido”.

“La causa y el efecto no están próximos en el espacio y el tiempo” afirma Senge. Paradójicamente, la grave crisis que afecta a Venezuela tiene su causa en la riqueza petrolera en manos del Estado. Durante décadas fue creciendo un Estado cada vez más rico y un pueblo cada vez más pobre.

Los partidos que gobernaron Venezuela en los últimos 70 años, adecos (AD), copeyanos (Copei) y chavistas (MVR primero y PSUV después) no fueron capaces de comprender a Uslar Pietri planteando una política de balances, contrapesos y auténtico desarrollo nacional que fuera mucho más allá del estatismo creciente, el paternalismo ilimitado y la desnaturalización de todas las funciones sociales y económicas de ese país.

A partir de 1973 la situación se hizo más grave y sus consecuencias se hicieron sentir de manera creciente. Los precios del petróleo, que ese año habían oscilado alrededor de los dos dólares y medios por barril, se dispararon a niveles vertiginosos para sobrepasar los 30 dólares por barril. Eso ocurría, mientras gobernaban Venezuela partidos políticos caracterizados por sus declaradas tendencias “estatizantes”, intervencionistas y partidarias de la dominante presencia del Estado como creador de todas las grandes empresas del supuesto desarrollo económico. Se creó un sector público gigante, que alteró todas las formas de la vida nacional. El Estado se convirtió en el mayor banquero, el mayor financiador, el gran creador de empresas de todo tipo. Esto nos explicaba Arturo Uslar Prieti hace más de 25 años.

Junto a este proceso económico y social, se fueron debilitando las instituciones democráticas, los partidos políticos se transformaron en mafias enquistadas en complicidad con empresarios igualmente corruptos e incapaces de competir en el mercado, pero hábiles para competir en los pasillos de Miraflores por prebendas y decretos. Junto al sector público se tragaron el país.

Venezuela fue muriendo de prosperidad. Ese inmenso flujo de riqueza, capaz de transformarla en una nación moderna, próspera, equilibrada y creadora de riqueza, tuvo sin embargo un efecto pernicioso en toda la nación.

En 1999 llega Hugo Chávez Frías con una visión redentora a una nación estéril: pueblo empobrecido e ignorante y elites ciegas, corrompidas e incapaces. Promete transparencia, equidad, libertades, políticas sociales inclusivas y auténticamente desarrollistas y la promesa de sembrar el petróleo. Apoyarle en aquel entonces era redimir la política y el nacimiento de una nueva clase política. Durante su gobierno el petróleo sobrepasa los 100 dólares el barril, convirtiendo su “V República”, sin embargo, en más de lo peor: un sistema clientelar, destructor de las instituciones democráticas, más corrupto. Con petrodólares intentó exportar la revolución bolivariana, mientras los técnicos eran sustituidos por los “compañeros”, logrando lo inimaginable, quebrar PDVSA y destruir el aparato productivo. Resultado: La pobreza como política de estado. Hoy pueblo y estado son pobres. Enterrando así sueños hermosos de desarrollo con justicia social, equidad y libertad. Esta situación, unido a la actual caída de los precios del petróleo, derivó en lo que es hoy Venezuela: un Estado y un pueblo pobre.

Una inmensa crisis social, humanitaria, política y económica cubre hoy a Venezuela. Revertir esa situación será una tarea titánica, pero tal vez más fácil, porque cuando todo está destruido, tan solo hay que empezar a construir.

No son más ideologías lo que necesitan nuestros pueblos, sino más republicanismo y democracia en libertad, equidad y creatividad en la siembra de nuestra riqueza.

*Associate MIT-Harvard Public Disputes Program. Universidad de Harvard.

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