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opinion

La Junta no fue sorprendida

Se pensó en marrulla, pero se resolvió a tiempo

La demanda de cédulas sorprendió a la Junta, pues no se tenía razón, ni se encontraba explicación de ese desbordamiento de los últimos días.

Incluso llegó a temerse que fuera un plan de esos siniestros que son comunes para esta época y cuyos fines siempre son perversos.

Apretar la Junta, ponerla en apuros y denunciarla como obstaculizadora, cuando su verdadero papel es ayudar a la fluidez del proceso.

Pues a falta de cédulas, menos serían los votantes. Y eso, claro está, afectaría a uno de los bandos. La concurrencia conviene a la democracia, pero no igual a los dos partidos.

La sospecha de la Junta fue mayor cuando uno de los tantos voceros sacó las uñas y dijo que la dilación era aposta. La falta de personal era problema, pero la carencia de plástico era mayor.

Mucho más que el suplidor se declaró impotente y aseguró que podía entregar dicho material en una fecha posterior a las elecciones.

Cuando ya no fuera necesario o por lo menos no tan apremiante.

Por suerte se buscó de nuevo en los almacenes y se halló de sobra. La Junta sin saberlo, estaba blindada, y sigue dando cédulas por un tubo.