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Diálogo entre pareja

La falta de diálogo trae violencia. Si bien es cierto que las mujeres nos expresamos de manera diferente. Hablamos con muchas palabras. Los hombres son más callados. En ocasiones no dicen nada. Si cada uno escucha al otro, expone lo que siente, lo que piensa, y no interrumpe, entonces hay diálogo. Y eso es importante. Al contrario, cuando uno u otra dan la espalda, la unión tiende a romper, y puede llegar la violencia. Hay personas a quienes hablar, escuchar, hacer preguntas y contestar, no tiene alcance. La conversación es un acto social y el diálogo es imprescindible y edificante en la pareja. Por eso cuando no se dialoga surgen conflictos. No solo por la diferencia de palabras, sino en el sentido en que se usan. El diálogo es parte de la educación.

Puede ser que el silencio ocupe el espacio. Pero un largo silencio tiene sus consecuencias. En la pareja se debe administrar una cosa y la otra. Sin embargo, equilibrar el silencio es algo sumamente importante. Si bien es cierto que los hombres solo son muy comunicativos con quienes comparten iguales opiniones, negocios, béisbol y algunas cosa más, y que las mujeres hablamos más de nuestras intimidades y los hombres no, y la interpretación del silencio varía entre el hombre y la mujer, no está de más decir que eso causa problemas. Así cuando la pareja se separa quedan muchas cosas por decirse. Y con el tiempo, cada uno se da cuenta que si hubieran hablado todavía estarían juntos.

Lo primero es enamorarse. Se cierran los ojos, la boca, los oídos y hasta la nariz. Cupido dispara su flecha. En él y en ella solo brilla el amor, o quizás tan solo la pasión ¿sexual? Ante un cuerpo y una cara, que parecen deliciosos y que, sin embargo, encierran dentro de sí grandes defectos, todo parece brillar en luna llena. Pasado un breve tiempo, lo sumergido sale a flote. ¿Es posible pasarlo por alto? ¿Es bueno buscar, por medio del diálogo, si una cosa u otra se puede complementar? Hay personas con negatividades que el otro no puede borrar. Otras sí se pueden. Nadie es igual, y menos el hombre y la mujer. Hay cosas, como en un rompe-cabeza, que se pueden compartir. Pero el diálogo es quien tiene la palabra. Cuando uno de los dos da la espalda y no dialoga, viene la violencia.

Punto y aparte: Quisiera que el nuevo Papa hiciera lo posible para permitir el matrimonio de los sacerdotes (¿y las monjas también?) y que las mujeres puedan hacerse sacerdotisas.

Otro punto y aparte: ¡Cosas de mi país! No hablo de los dulces que vende mi amigo mocano Carlos Estrella que son las delicias de un país para comérselo. No. Me refiero a que en mi país hay cosas que guindando parecen cocos de agua (por no decir otra cosa). Hablo de las ridiculeces. ¿Sabe usted, querido lector, estimada lectora, que no hay plástico en la Junta Central Electoral para las cédulas? ¡Virgen Santísima, qué vergüenza, qué vileza, qué deshonra, qué inmoralidad! ¿Habrá que hacer una colecta para apagar esa ridiculez? Me siento humillada por ese tipo de cosas que pasan en mi país.

Denver, Colorado

Cuando no se dialoga surgen conflictos. El diálogo es parte de la educación. Nadie es igual, y menos el hombre y la mujer. Hay cosas, como en un rompe-cabeza, que se pueden compartir. Pero el diálogo es quien tiene la palabra.