Desde hace un largo tiempo el color verde se ha vuelto parte de nuestro país: Los que protestan por la impunidad y los robos apañados, van vestidos de verde y con sombreros, escudos y palmas verdes. Y ahora también se ha convertido el plátano verde en una voz nacional. Naturalmente, el plátano verde es muy nuestro. Comer mangú, plátanos asados, tostones, es parte de nuestra independencia, pues lo único un poco barato que se consigue son los plátanos y hasta los maduros. Y dicen que “plátano maduro no vuelve a verde”. En dominicana se come plátanos a cualquier hora y el color verde de blusas, faldas, camisas y pantalones nos dicen qué hacen y cómo y porqué actúan los que los usan. Así somos.

Me encanta el verde, es uno de mis colores favoritos y el plátano es mi sabor preferido. Por mi casa y todo el país corren vendedores voceando los plátanos. Y las personas que protestan vestidas de verde las encontramos también en todo el país. ¡Oh mi Dios...!

Me da alegría ver una y otra cosa, pues poner el color verde en primer plano, pase lo que pase, se quiera lo que se quiera, o no se quiera, es algo que nos está pidiendo voltear el país, que los políticos actúen de otra forma y de manera muy honrada, y que lo que está pasando debe cambiar. ¡Caramba... el verde se ha hecho dueño de nuestras vidas! Y comer plátanos verdes, decirlo, publicarlo por los periódicos, por Facebook y por cualquier otro lado, dice lo que somos los dominicanos y cómo somos. La verdad que somos especiales.

Hay personas que dicen que no se debe hacer lo que se ha hecho, pero lo dicen porque les va tocando las puertas del alma con un puñetazo. Y es que muchos nos han arruinado la vida y siguen como si nada, y no quieren entender que la vida da vueltas, tanto la nuestra como la ajena. Hay resentimientos de parte y parte, y por eso hay que sentarse a pensar, a reflexionar sobre lo bueno o lo malo que se ha hecho.

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