20170603 https://www.diariolibre.com

Me llamó mucho la atención porque sé que mis ojos me dicen muchas cosas que la boca no habla, ni mis oídos escuchan. Ver, mirar, lo que está presente, aunque no lo digan, es una razón, una mentira, un perdón, un lujo y muchas cosas más. Una amiga que llega a tu lado, con solo verla, sabes lo que trae dentro de sí, lo que no quiere y a lo que aspira. Un amigo que ves en su casa sentado en una mecedora, tus ojos te dicen que está bebiendo ese café porque quiere resolver un problema, porque está feliz o porque piensa en cómo hacer que su vida esté bien.

Los ojos muchas veces actúan con rapidez y le dicen a tu alma todo lo que quieres y cómo resolverlo o te dicen que esperes porque lo que ves puede llevarte a la gloria o llevarte al precipicio. Los ojos no hablan pero sí te dan sentimientos. Son una pantalla en las que ves, y hasta escuchas lo que está a tu lado, lo que viene por la esquina y lo que cambia a tu alrededor.

Cuando alguien te dice algo, míralo con profunda calma y sabrás, aunque ese tipo diga lo que diga con fuerza y aparente certeza, que no es cierto su argumento. Así sabrás si ese compañero o compañera que vive contigo quiere algo que cambie su vida junto a ti, pero no se atreve a decirlo con dignidad.

Los ojos son la ventana del alma, en especial para ver de verdad a los que dicen ser amigos, a los políticos que dicen que van a hacer tal o cual cosa a favor del país, los hijos que hacen algo que no quieren que sepas; en fin que el alma, con los ojos, puede estar alegre o triste.

Pero la alegría del alma también se sienta en la ventana de tu mirada. Caminas por la calle y te das cuenta de lo bueno que va a pasar y sonríes. Tus ojos, al montarte en un vehículo, llevan a tu alma lo que va a pasar por tu lado y tu alma ríe. Ver las orquídeas por aquí y por allá, llevar bienestar a la ventana de tu alma. Pero mira con cuidado para que tu alma ría. Abre esa ventana y sé feliz.

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