Monseñor Arnaiz, al discurrir sobre la verdad, consideraba funestos a los incapaces de pensamiento crítico, esa gente que el sociólogo José del Castillo llama fofa, internautas repletos de información pero vacíos de reflexión, que hoy pretenden simplificar el lío de Odebrecht para obstaculizar que se llegue al fondo y resplandezca la verdad. Ese tipo de especimen, es experto en tergiversar y confundir. Con su proceder hace un daño inmenso a la lucha por la transparencia y por la instauración de un régimen de consecuencias, pero en sus mentiras ignora algo: si la verdad nunca muere del todo es porque está alineada con la Historia, y es por eso, al decir de Gramsci, que es revolucionaria y que a la postre siempre se impone.

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