20180526 https://www.diariolibre.com

Su milagro de acunar la vida durante nueve meses se eterniza en cada momento de nuestra existencia en su manera de dar, de proteger, de mimar y de cuidar, de aconsejar y corregir. Cada caricia suya es una flor, cada dulzura salida de sus manos, cada delicia inventada con esa magia propia que les permite fabricar la alegría en cumpleaños y navidades, cada consuelo ante las penas, cada apoyo en las debilidades y en los llantos que se pintan de luto. En ellas el Altísimo ha puesto los signos que señalan al cielo y el color exacto de todos los perdones y, cuando parten, se mudan a constelaciones desde donde protegen los recuerdos felices con su presencia luminosa. (Colaboración de Santiago Almada).

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