Promesas
De todas las promesas que hemos escuchado en esta campaña, mi preferida es una de la Fuerza Nacional Progresista: "Buscar petróleo".
Nadie podrá sentirse ofendido si no lo encuentran, obviamente, y harán un extraordinario servicio al país si lo hallan. ¿Quién lo buscará? Nuestra misión, en todo caso, es asegurarnos de que sale a concurso el derecho a hacer prospecciones.
Las promesas políticas viven en esa confusa región del deseo y la esperanza. Están formateadas para calzar a todas las edades, situaciones, intereses, profesiones, condiciones... cada quien tiene una promesa electoral que solucionará un problema que le preocupa. Cientos de pequeñas promesas forman el catecismo con el que nos han salido a convencer. Y hemos creído las que nos ha convenido creer, y eso que las promesas de los políticos son menos serias (y ya es difícil) que las de los novios.
Las promesas, sin embargo, son necesarias para vivir mejor. Creer en que algo vendrá y nos cambiará la vida, que llegará la justicia, que nuestros hijos tendrán un futuro mejor que el nuestro, que los políticos no robarán y que los que robaron lo pagarán. Creer que sí, que la educación va a mejorar, y que la salud no será un privilegio de ricos. Que la justicia social es posible porque se logra poco a poco la igualdad de oportunidades y que las ciudades y los pueblos son entornos no agresivos y el medio ambiente no va a ser arrasado. Las promesas nos llevan cada cuatro años a las urnas y a veces, sólo a veces... acertamos.
IAizpun@diariolibre.com
Nadie podrá sentirse ofendido si no lo encuentran, obviamente, y harán un extraordinario servicio al país si lo hallan. ¿Quién lo buscará? Nuestra misión, en todo caso, es asegurarnos de que sale a concurso el derecho a hacer prospecciones.
Las promesas políticas viven en esa confusa región del deseo y la esperanza. Están formateadas para calzar a todas las edades, situaciones, intereses, profesiones, condiciones... cada quien tiene una promesa electoral que solucionará un problema que le preocupa. Cientos de pequeñas promesas forman el catecismo con el que nos han salido a convencer. Y hemos creído las que nos ha convenido creer, y eso que las promesas de los políticos son menos serias (y ya es difícil) que las de los novios.
Las promesas, sin embargo, son necesarias para vivir mejor. Creer en que algo vendrá y nos cambiará la vida, que llegará la justicia, que nuestros hijos tendrán un futuro mejor que el nuestro, que los políticos no robarán y que los que robaron lo pagarán. Creer que sí, que la educación va a mejorar, y que la salud no será un privilegio de ricos. Que la justicia social es posible porque se logra poco a poco la igualdad de oportunidades y que las ciudades y los pueblos son entornos no agresivos y el medio ambiente no va a ser arrasado. Las promesas nos llevan cada cuatro años a las urnas y a veces, sólo a veces... acertamos.
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