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¿Y dónde estaba Candelier?...

La campaña está mejor sin guardias amenazando

Con amigos como Candelier, Hipólito no necesita enemigos, mucho más si son inoportunos como lo fue el ex jefe de la Policía al declararse defensor a ultranza del candidato del PRD.

Después de la insolencia contra los jueces de la Suprema, entre quienes consideró había sinvergüenzas y pelafustanes, lo que menos necesitaba Hipólito era la impertinencia de un guardia con el tolete.

De la mona se dice que aunque se vista de seda, mona se queda. Con el guardia ocurre igual. Aunque se vista de policía o de civil, guardia se queda.

Y en el peor de los sentidos: intransigente y autoritario.

¿Quién sacó a Candelier de la sombra, él mismo o algún estratega que entendió que meter un poco de miedo ayudaría a fortalecer una candidatura que en las últimas dos semanas ha estado dando tumbos?

¿Qué hacer ahora con Candelier, dejarlo que siga hablando y provocando inquietud, o llamarlo al orden con la vieja y sabia réplica de "calle boca, compay"?

Sin ningún género de dudas, la campaña sería mejor sin taconeo y sin que la guardia salga de la manigua.