Restauración de la obra de Cruz Diez espera por aprobación

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Antes y después. Fotografías de 1994 y de 2003, pruebas de cómo se borró la obra.

SANTO DOMINGO. Una mañana de diciembre del año 2003 la vista del rio Ozama cambió. A sabiendas de que es un río contaminado, había algo que lo hacía brillar, y eran los silos de los Molinos Dominicanos pintados como un arcoíris. El daño estaba hecho.

La compañía Molinos Dominicanos había borrado la obra “Cilindros Cromointerferentes” realizada por el maestro venezolano Carlos Cruz Diez como un regalo a los dominicanos, y en especial, como una honra a su parentesco con Juan Pablo Duarte, debido a que es su sobrino-bisnieto.

La obra que abarcaba 11,200 metros cuadrados, se empezó a crear en el 1993, y fue inaugurada el 3 de julio del 1994 bajo una luminaria de fuegos artificiales y la notable sorpresa y algarabía de la gente de la zona y allí se prometió preservar el arte cinético del pintor venezolano de fama mundial.

Piden sea reconstruida

Tras años de lucha y peticiones de la clase artística nacional, la Comisión Permanente de Cultura de la Cámara de Diputados acogió la solicitud al rendir un informe favorable el 13 de septiembre de 2017 para la restauración de la memoria visual del pintor Carlos Cruz Diez.

El arquitecto Gamal Michelén, presidente de la Asociación Dominicana de Críticos de Arte (ADCA), filial de la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA) con sede en Paris, informó en una visita a Diario Libre que la referida comisión de la Cámara de Diputados a cargo de Lucía Argentina López Alba y de Abil Peralta Agüero, director de Cultura de la CD, en la iniciativa No.02439-2016-2020-CD, rindieron un “informe favorable al proyecto de Resolución mediante el cual la Cámara de Diputados solicita al Ministerio de Cultura la restauración del mural ‘Cilindros Cromointerferentes’ de los silos de Molinos Dominicanos realizado por el maestro Cruz Diez, sobrino-bisnieto de Juan Pablo Duarte”.

El clamor de Michelén, presidente de ACDA, es que se apruebe dicha resolución para restaurar la obra nuevamente. “De hecho, el señor Cruz Diez, que vive en París, tiene los bocetos de su obra y está en disposición de enviarlos a un artista para que haga el trabajo”, afirmó el titular.

Insensibilidad

El caso de Molinos Dominicanos es uno de los tantos ejemplos de falta de compromiso con el patrimonio artístico. Lo más reciente ocurrió en enero de este año, cuando la Universidad Tecnológica de Santiago (UTESA) decidió borrar el mural del fenecido artista Ángel Haché, esposo de la también creadora Elsa Núñez, Premio Nacional de Artes Visuales.

“Muchos murales se han perdido”, reconoce Gamal Michelén. Citó el estado de maltrato de los murales de José Ramírez Conde en las afueras del Centro de Información Ambiental del Mirador Sur y Paul Giudicelli, quien posee murales en Nagua y en San Juan de la Maguana.

“El arte es un poderoso instrumento para manifestar la memoria de un pueblo. Cuando depredamos nuestro patrimonio artístico estamos perdiendo parte de la identidad”, se lamenta. El acto de destrucción hacia el maestro Cruz Diez lo considera como una vileza. El artista es uno de los máximos representantes del arte cinético en el mundo. Michelén y gran parte del pueblo dominicano tienen la esperanza de que desde el Ministerio de Cultura y las instancias pertinentes se proceda con la aprobación para poder ver la obra de Cruz Diez iluminando la triste realidad de los alrededores del río Ozama.

Desde Cruz hasta Haché

Molinos Dominicanos afirmó en aquella ocasión que la obra de arte público requería mucha conservación. La curadora Marianne de Tolentino escribió para la época que lo ocurrido con la única obra del maestro del arte cinético en el país era “algo inadmisible”. 15 años después le sucedió a Ángel Haché. La voz de alerta fue su esposa Elsa. A raíz de eso, la universidad se comprometió a restaurarla. Aún se espera...

20180613 https://www.diariolibre.com

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