Artista tatúa nombres de seres queridos a migrantes

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Vista del trabajo de José Manuel de Jesús Sandoval.

Mientras viajaba junto a varios miles de migrantes por el sur de México esta semana con la meta de llegar a la frontera de Estados Unidos, Gerson Rivas no quería que el recuerdo de su madre, quien se quedó en Honduras, lo acompañara únicamente en el corazón.

Así que se tatuó el nombre de su madre, Esperanza, en el antebrazo, con letra bastardilla.

El tatuaje fue hecho en la ciudad de Juchitán por José Manuel de Jesús Sandoval, un hondureño de 20 años que ha hecho tatuajes rudimentarios similares para otros migrantes que viajan en la caravana que partió hace tres semanas.

Difícilmente es algo que verías en un estudio de tatuajes. Sandoval trabaja de noche con la luz de los teléfonos, mientras los migrantes acampan, o de día, con una multitud de curiosos a su alrededor y con su máquina conectada a una extensión eléctrica en la que hay otros aparatos conectados.

Dice que tiene las herramientas básicas: la máquina, tintas, guantes, alcohol y gel. Las agujas son difíciles de conseguir, pero Sandoval afirma que desecha todas y cada una después de un solo uso. Cierta noche esta semana, se le agotaron las agujas y tenía una fila de clientes esperando.

Con una camiseta azul sin mangas y su cabello teñido, Sandoval es conocido en la caravana como “el tatuador”.

Les cobra el equivalente a unos 5 dólares por letra. Eso le ha ayudado a alimentarse, aun cuando los pobladores de las localidades por donde pasa la caravana en ocasiones han donado comida y agua a los migrantes.

Sandoval aprendió a tatuar en los ocho meses que pasó en una cárcel de Estados Unidos, después que un accidente vial dejó al descubierto que estaba en el país de manera ilegal.

Se sumó a la caravana en Tapachula, en el sur de México, donde estuvo viviendo por varios años después de ser deportado.

“He intentado pasar 12 veces, solo una lo logré, tenía 17 años, pero me metieron a prisión por el accidente. Ahí aprendí a dibujar y tatuar”, dijo Sandoval.

Sus clientes en la caravana son los primeros a los que hace tatuajes.

Sandoval dijo que sabe que sus antecedentes penales le dificultarán entrar a Estados Unidos, pero que de todas formas lo intentará porque tiene una hija en Honduras a la que desea dar sustento.

Otro hombre en la caravana mostró su antebrazo con el nombre de su hija, Yulisa. Uno más se hizo una pequeña cruz en la mano. Y una mujer le pidió a Rivas que le tatuara el nombre de su novio, quien la acompaña en la caravana.

Cuidar apropiadamente la piel sobre la que se hacen nuevos tatuajes resulta difícil en la caravana, en la que los migrantes con frecuencia camines decenas de kilómetros (millas) cada día y duermen a la intemperie.

Rivas, de 19 años, dijo que solo estudió hasta sexto grado, pero que ha trabajado como ayudante de albañil. Cuando llegue a Estados Unidos, espera poder enviar dinero a su madre y al resto de su familia en Honduras, donde casi dos tercios de sus 5,5 millones de habitantes viven en la pobreza.

“La familia es lo más sagrado que tenemos, por eso me tatué el nombre de mi madre, para recordarla”, manifestó. “Me voy a buscar trabajo para poder ayudarlos, allá (en Honduras) nos hacía falta comida, me cansé de buscar trabajo y no encontrar”.

EFE
20181109 https://www.diariolibre.com

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