El mismo Drácula de siempre

La hoja de ruta de Darío Argento como guionista y como director es larga y reconocida. Ahí están escritas El gran amante (1966), Ojo por ojo (1968), La revolución sexual (1968), El pájaro de las plumas de cristal (1970) y A Dios rogando y con los puños dando (1973) o Suspiria (1977) -donde Miguel Bosé hizo Mark-, algunas de ellas también dirigió. Ahora reaparece en Cannes con una versión suya de Drácula, en 3D.
Lo bueno es que puede tener algo de público, porque las cintas de vampiros, lamentablemente están de moda. Vienen siendo algo así como el dembow del cine. Lo malo del filme es que no siempre la ironía funciona. Lo bueno es el registro de colores, lo malo es que no hacía falta llevarla a 3D. No todas las películas soportan esta tecnología. Y el resultado final es como aquel 3D que yo veía a fines de los 70 en el cine Oktiabr de Moscú.
La historia es la misma de Stoker y se desenvuelve en la Transilvania de 1893, cuando el joven bibliotecario inglés Jonathan Harker llega al condado de Drácula para laborar en su biblioteca. La cantidad de muertes se acumula, y solo Abraham Van Helsing, asumido por Rutger Hauer, comprende que puede detener a Drácula. El maniqueísmo en el tratamiento de esta historia, en los mismos litros de sangre, el horror, el suspenso, que más que irónicos se tornan naïf, aborta lo de interesante que pudiese tener la versión de Argento.
La película se vuelve lenta y reiterativa, árida, con pocos deseos de avanzar. Lo irónico posible se pierde en una indecisión fatal en asumir el tono de modo definitivo, y el espectador es presa del desaliento y el aburrimiento, como si a los cómodos asientos de la Sala Buñuel del Palais, le nacieran puyas.
Aún no se ha hecho una buena película que asuma la historia verdadera de Vlad Drácul o Vlad Tepes, o Vlad el Empalador, conocido héroe popular transilvano, que se enfrentó con empalizadas y una crueldad ilimitada a los enemigos de su pueblo, léase el imperio otomano. Se lo perdió Darío Argento, quien dicho sea de paso, prepara un remake para el año que viene de su película Suspiria. ¿Contará con Miguel Bosé de nuevo?
Alfonso Quiñones
Alfonso Quiñones