CULTURA
| 28 ENE 2018, 12:00 AM
Redescubrir El Conde

Edificio Roselló, 1943

Actualmente Hotel Conde de Peñalba

20180128 https://www.diariolibre.com


Texto: Omar Rancier | Video y Fotos actuales: Marvin del Cid

En diagonal con el Palacio Consistorial, en la fachada norte del Parque Colon se encuentra un edificio de cuatro plantas que entabla un diálogo urbano con su vecino municipal. Es el Hotel El Conde de Peñalva, antiguo Edifico Roselló diseñado por los arquitectos españoles, del grupo de los exiliados republicanos que llegaron al país a partir del 1939, Joaquín Ortiz y Tomás Auñón en 1943.

Estos dos arquitectos fueron parte de un grupo de exiliados republicanos españoles que arribaron al país como parte del programa de “blanqueamiento” de la población dominicana ideado por Trujillo en su intento de diferenciarnos de los vecinos haitianos. Unos 4,000 exiliados españoles pasaron por Santo Domingo-Ciudad Trujillo, la mayor parte no resistió el asfixiante ambiente de la dictadura y continuaron su viaje hacia otras tierras americanas más democráticas.

Edificio Roselló, 1943
Fotografía previo a la construcción del edificio Roselló.

Auñón y Ortiz trabajaron cuatro años en el país, de 1940 al 44, dejando un grupo de obras muy importantes entre ellas el Monumento Trujillo-Hull, mejor conocido como el “obelisco hembra”, un interesante grupo de vivienda en Jarabacoa y algunos edificios como el Roselló.

El diálogo con el Palacio Consistorial, mencionado al principio, se da en la articulación vertical de los diferentes niveles que se corresponden con el consistorio, una edificación realizada 30 años antes. Los arcos rebajados del portal de primera planta en el Palacio Municipal se corresponden con los arcos ojivales de los españoles en el Hotel. Así mismo los balcones dialogan en lenguajes distintos pero coincidentes. La apropiación de la esquina del Roselló, una curva que pespuntea la torre de enfrente, es un delicioso guiño de diseño, una suerte de coqueteo urbano, al edificio de Osvaldo Báez. Un ejemplo de lo que la arquitecta Essilevi Medina llamara “erótica urbana de la calle El Conde” en su proyecto de grado de la UNPHU.

  • Edificio Roselló, 1943
    Vista desde el balcón de una de las habitaciones del tercer piso del hotel.
  • Edificio Roselló, 1943
    Vista desde la azotea del Consistorial.
  • Edificio Roselló, 1943
    Un atardecer en el “Palacio de la Esquizofrenia”.
  • Edificio Roselló, 1943
    Interior del Restaurante.
  • Edificio Roselló, 1943
    Vista aérea del la esquina donde convergen el Roselló y el Consistorial.
  • Edificio Roselló, 1943
    Ambos edificios entablan un diálogo urbano.
  • Edificio Roselló, 1943
    Los arcos ojivales, que dialogan con los del Consistorial.
  • Edificio Roselló, 1943
    Detalle arquitectónico de uno de los balcones.
  • Edificio Roselló, 1943

Una curva que pespuntea la torre.

Inicialmente el actual hotel, se diseña como un edifico de uso mixto, comercios en el primer piso y viviendas en los pisos superior. En la Guía de Arquitectura de Santo Domingo se consigna que” Los pisos superiores se organizan alrededor de dos huecos de forma cuadrada, un patio interior y las escaleras. De interés es el tratamiento curvo de los balcones y la terminación de los bordes laterales. Las molduras de los huecos son añadidura reciente.”

Hoy día el edificio Roselló- Hotel El Conde es un sitio especial en el imaginario de la Zona. Es el asiento del llamado “Palacio de la Esquizofrenia”, que no es más que el café del hotel, , periodistas, críticos de arte y poetas- que vienen, como dice Homero Pumarol, “Desde el palacio de la esquizofrenia hasta perder el sentido” a disfrutar del mejor espacio público del país- el Parque Colón. Todos locos, soñadores de una realidad mejor, amantes de la utopía...

El Hotel del palacio de la esquizofrenia es arquitectura, erotismo, espacio público. Un sitio donde cualquier mañana de domingo nos podemos encontrar al Gordo Oviedo, a Cuqui Piña, a Miguelín de Mena cuando está en el país cobijado donde Gabina, a Inés y Fernando, a Juan Lladó, al Maestro Cestero y a tantos otros “locos” que nos saludan cuando Martha y yo nos sentamos a desayunar de frente a la Catedral Primada.

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