×
Compartir
Secciones
Última Hora
Podcasts
Encuestas
Servicios
Plaza Libre
Efemérides
Cumpleaños
RSS
Horóscopos
Juegos
Herramientas
Más
Contáctanos
Sobre Diario Libre
Aviso Legal
Versión Impresa
Redes Sociales
revista

La energía nuclear y el pecado de la lujuria

Expandir imagen
La energía nuclear y el pecado de la lujuria
Tahar Rahim y Léa Seydoux, en sesión de fotos, en Cannes.

CANNES, FRANCIA. Cuando realmente Rebecca Zlotowski se decidió a hacer la película "Grand Central" fue cuando ocurrió la catástrofe de Fukushima, en Japón.

Un libro, como muchas veces ocurre, le metió el gusanito de asumir el tema: "La central", de Elisabeth Filhol, donde se cuenta acerca de los peligros cotidianos que rodean a los trabajadores de una central nuclear.

La película, que concursa en la sección "Un certain ragard" (Cierta Mirada), del Festival de Cannes, fue realizada con sus propios recursos, y es protagonizada -este es su año de lanzamiento- por la joven estrella del cine francés, Tahar Rahim, y la actriz Léa Seydoux.

Sucede que los amores imposibles, o para decirlo de otra manera, la lujuria, está presente hasta en la vida de los obreros de las centrales nucleares. Y esto de los amores imposibles es el verdadero reto de la película. Lo demás es trasfondo, escenografía teatral, de una obra que se llama Vida, con un diseño sonoro modesto y una visión muy rusa de la existencia. Rusa sí. Nunca antes había visto una película no rusa que recordara tanto la etapa de estudiante en Rusia en los 80 del pasado siglo.

Rebeca Zolotowski tiene como antecedente "Belle Épine", con la que debutó en el 2010 en la Semana de la Crítica, con la misma actriz Léa Seydoux ("Inglorius bastards" y "Misión Imposible 4"), entonces y ahora, dueña de una sensualidad salvaje, propia de las muchachas de la campiña.

Definitivamente unir ese olor a hierba húmeda, a sexo y a radioactividad, se torna algo explosivo y dificil de controlar. Con esos y otros elementos la directora tuvo que imponerse a vértigos y otros miedos. "Sabía que rodando en una central nuclear debería conjurar mi vértigo enfermizo. Para uno de los planos, debíamos subir a una góndola que nos elevaba a 20 metros por encima de la piscina de descontaminación. Dudé durante un buen rato y finalmente subí. Dos semanas más tarde, una góndola similar en una central nuclear en Francia cedió...", dijo en una entrevista televisada.

Se trata de un amor contaminado, donde toman parte tres trabajadores de una planta nuclear, que bien pudo desarrollarse en una terminal de trenes o en una terminal de cruceros.

La dirección de actores de "Grand Central" es de pulso firme. El problema no está ahí, ni siquiera en la fotografía, que pudo ser un poco más inquisitiva, sobre todo en las escenas dentro de la central nuclear. Tampoco está en la música que pudo ser más interesante, más vanguardista. El problema es que quizás el único elemento que salva el filme de ser una simple historia de amor, es la alarma de contaminación que usa la directora para medir de la misma manera cuán contaminada está esa relación amorosa. "La película está impulsada por la analogía entre el sentimiento del amor y la toxicidad de la planta nuclear", dijo Zlotowski en rueda de prensa. Dueña de una cultura global, ha dicho "formo parte de una generación que no ha tenido que escoger entre cine de autor y cine comercial".