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María Marte, inspiración para los dominicanos que emigran en busca de un futuro mejor

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María Marte, inspiración para los dominicanos que emigran en busca de un futuro mejor
Una imagen de María Marte en su cocina del Club Allard. (Foto cedida)

María Marte aterrizó en la capital de España hace ya trece años procedente de la República Dominicana y empezó a trabajar fregando platos en la cocina del restaurante Club Allard. En tan solo cuatro años se convirtió en la jefa de cocina del establecimiento. Su historia de cenicienta sirve de inspiración para todos aquellos que salen de su país en busca de un futuro mejor.

Desde su Jarabacoa natal, a unos 100 kilómetros al noroeste de Santo Domingo, se trasladó a Madrid dejando en la isla americana a sus mellizos y ha conseguido triunfar como chef en un restaurante con dos Estrellas Michelín.

Sobre lo que sintió cuando se hizo cargo de la cocina del local, Marte comenta a Efe:“Se pasan muchos nervios y se pasa vértigo. Pero, en realidad, nosotros vivimos día a día con los nervios a flor de piel. Nunca se deja de estar nervioso. Todavía cuando hacemos un plato nuevo y tenemos que sacarlo por primera vez, estamos con esa inquietud”.

“Mi cocina respeta siempre la esencia del producto que ofrecemos. Me gusta que los clientes disfruten de las nuevas combinaciones de sabores, pero siempre que ayuden a destacar el plato que estamos ofreciendo”, opina la dominicana.

María Marte transmite ilusión y alegría tanto con su mirada como con su permanente sonrisa. “¡Cómo no voy a sonreír! Estoy en uno de los mejores momentos de mi vida, Además, siempre he sido una persona optimista, luchadora y me gusta disfrutar la vida en cada momento. Creo esta actitud positiva es una fuente de felicidad que además es contagiosa y, por tanto, si la estimulas en tu entorno cada vez es más grande “, comenta a Efe esta chef de cocina.

Desde su Jarabacoa natal, a unos 100 kilómetros al noroeste de Santo Domingo, se trasladó a Madrid dejando en la isla americana a sus mellizos.

“Vine a España por un tema personal, mi hijo mayor estaba aquí y vine para estar cerca suyo”. A su llegada consiguió trabajo fregando en las cocinas del Club Allard. María sabía que lo suyo eran los fogones, ya que desde pequeña había practicado en los diferentes negocios que fue teniendo su familia.

“Mi primer recuerdo es de muy pequeña, cuando preparé una sopa de verduras para mis padres, jugando, mientras mi madre cocinaba a mi lado. Desde bien chiquita empecé a echarle una mano en la cocina y era mi forma de entretenerme “.

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Infografía
María Marte, la chef dominicana del restaurante madrileño con dos Estrellas Michelín club Allard. ( Foto cedida)

Fregando y aprendiendo

Cuando María llegó al establecimiento de Madrid, estaba liderado por el chef Diego Guerrero, joven promesa de la gastronomía. María aprovecho para aprender y empaparse de todo lo que pasaba a su alrededor, hasta que un día, coincidiendo con una vacante, pidió participar en la cocina.

Le dijeron que sí, pero solo si seguía limpiando. Comenzó entonces su verdadero reto de ayudar a cocinar por la mañana y fregar por la tarde.

Después de tres meses mandaron contratar a otra persona... para limpiar. Desde 2006 se convirtió en la mano derecha de Diego Guerrero.

“He pasado doce años mano a mano con Diego. Ha sido una persona muy importante en mi crecimiento profesional. Para mí es muy importante aprender e intercambiar ideas y experiencias con el equipo”.

Juntos consiguieron la primera Estrella Michelín en el año 2007 y la segunda en 2011. Estos años le sirvieron a María para formarse en todos los aspectos de la cocina: pastelería, cuarto frío, carnes y pescados y así, cuando en 2013 Diego Guerrero abandonó el restaurante, María se puso al frente.

“Se pasan muchos nervios y se pasa vértigo. Pero, en realidad, nosotros vivimos día a día con los nervios a flor de piel. Nunca se deja de estar nervioso. Todavía cuando hacemos un plato nuevo y tenemos que sacarlo por primera vez, estamos con esa inquietud de ‘va a gustar, no va a gustar’”, comenta María a Efe.

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Infografía
María Marte ( Foto cedida)

Respetando la esencia del producto

“Hasta el día de hoy hemos tenido suerte, hemos ido cambiando temporada tras temporada y la gente lo ha aceptado muy bien. Se lo pasan bien ellos y, por supuesto, también nosotros”, agrega la chef que ha conseguido mantener las dos Estrellas Michelín, incorporando los sabores del Caribe y los productos de Latinoamérica. En su nuevo menú, por ejemplo, se disfrutan las palomitas de maíz o las migas de quinoa.

“Mi cocina respeta siempre la esencia del producto que ofrecemos. Me gusta respetar y potenciar el sabor de los platos, que los clientes disfruten de las nuevas combinaciones de sabores, pero siempre que ayuden a destacar el plato que estamos ofreciendo”, opina una persona que es, sin duda, una de las más adecuadas para definir la cocina de su país.

“La gastronomía dominicana es tradicional, colorida y sabrosa. Sabe a Caribe. Utilizamos principalmente arroz, carne, legumbres, pescados y mariscos, pero también hay una gran variedad de tubérculos que echo aquí especialmente de menos. Un plato muy conocido y que identifica a todo buen dominicano es “La bandera”: arroz blanco, frijoles rojos, carne guisada y ensalada verde”, argumenta la dominicana.

Con la mejor de sus sonrisas nos deja este consejo para todas las personas que estén pensando en arriesgarse a cambiar de país.

“Que luchen por sus sueños en el país en donde estén. Que, por supuesto, habrá momentos duros en los que echen de menos su tierra, pero que si han decidido labrarse un nuevo futuro, no lo dejen, porque con esfuerzo y trabajo todo es posible”.

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Infografía
Imagen de María Marte (Foto cedida)
El Club Allard

El Club Allard está situado frente a uno de los lugares más inspiradores de Madrid, el templo egipcio de Debob, en el que sus puestas de sol son referente para cualquiera que pase por la ciudad.

Situado justo en la confluencia de la calle Ferraz y Plaza España, en medio del bullicio de los turistas camino del templo, ante el ruido del tráfico que esquiva el Palacio Real y la permanente contaminación de los humos de los coches, la puerta del Club Allard pasa desapercibida. Solo un aparcacoches con un chaleco con el logotipo de la empresa da pistas.

La enorme verja del gran edificio vanguardista de principios del siglo XX conduce a un amplio pasillo oscuro. Siguiendo la luz que emana desde el fondo se llega al remanso de luz y confort del Club.

Enormes salones y rincones elegantes acogen el restaurante. El trato amable y la calided del personal contrastan con el tono clásico y los techos altos del espacio.

Un buen escondite para abstraerse y conectar con lo mejor de la cocina a nivel mundial y para sobre todo, sentirse bien.

Los menús están en el establecimiento a partir de los 95 dólares USA.

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