"Mi relación con Dalí fue platónica": Juan Fernández

  • Dirigirá una película en RD y desea ayudar cine dominicano
Juan Fernández, ayer en Diario Libre. MAGLIO PÉREZ
Santo Domingo. Juan Fernández no es el malo de la película, como lo han querido encasillar "aquellos que sólo les gusta ver cine violento". Más allá de este dominicano delgado, alto, de piel india y cabellos negros peinados hacia atrás, hay un ser humano lleno de experiencias que parten de su encuentro con el fotógrafo puertorriqueño Antonio López en un metro de Nueva York, cuando era un adolescente, según contó a DL.

Aquel encuentro lo convirtió en modelo de artistas plásticos y más tarde en modelo de pasarelas que va a dar a París. "Yo estaba con un dolor de muelas y Antonio López me cita al café La Coupole, donde estaban Pat Cleveland (que después fue mi mujer, no se puede decir que esposa, porque no nos casamos, aunque vivimos juntos), y Aella, entre otras personalidades, que eran de las modelos más cotizadas de entonces. Allí estaba Salvador Dalí, con sus dos tigrecillos con collares de diamantes a los que había llevado a comer bistecs. De pronto Dalí se levantó y se iba, Antonio me empujó a la limusina, de una vez me dijo que entrara, quedamos en vernos al día siguiente, pero no fue hasta el tercer día que fuí al té que organizaba, allí estaban Pierre Cardin, el dueño de la Fiat, también Pierre Clementi y muchos más. Yo era el nuevo príncipe de la corte, él les había dicho que había encontrado a un hombre con un físico muy exótico".

Una relación platónica

Interrogado sobre su relación con el pintor catalán, dijo: "Fue una relación muy mágica, nada sexual, como la han querido ver muchos. Me llamaban 'el príncipe consorte'. Éramos amantes mentalmente. Tenía fobia de los microbios, podía tocarlo yo y alguna otra persona, nadie más. Era hiper-voyeurista, lo de él todo era visual. Yo me peinaba en el baño y él se enceraba los bigotes, mientras le contaba sobre las personas que había conocido la noche anterior. Aprendí, eso sí, mucho de cultura con él. Me seleccionaba los libros que debía leer. Era una relación platónica. Una vez fuimos juntos a un museo y me estuvo hablando dos horas del color rosado, sin repetir la misma palabra: era un genio. Había revolucionado su mente, cuando él miraba un cuadro no veía lo que nosotros vemos. A veces yo invitaba a 30 ó 40 personas donde él, esas personas bebían champaña, comían trufas, veían a Mía Farrow comiendo una colección de mariposas disecadas en azúcar. Nos sentábamos a una mesa y en un extremo él y yo cuchicheábamos y decidíamos quienes serían las personas que seleccionaríamos para cenar, 12 nada más, como los 12 apóstoles. A Dalí le gustaba gastar, y mientras sus relaciones con los que le rodeaban eran relaciones intelectuales, las de Gala, su esposa, eran relaciones sexuales, con amantes. Ella manejaba el dinero y comercializaba sus cuadros".

Indagado sobre lo aprendido con Dalí, afirmó: "lo que he aprendido de pintura ha sido por mí mismo. Yo pinto. Pinto murales, en mi casa fundamentalmente. Pinto lo que veo. Lo que aprendí de él fue la libertad del espíritu que te permite tener la sensibilidad de ver más allá de la superficie".

Preguntado si poseía algún cuadro del pintor, aseguró que no, aunque podía haberlos tenido. "Todo el tiempo él dibujaba en servilletas, él me las daba y yo se las devolvía", cuenta.

Según Fernández, Dalí estaría encantado con lo que se hace en arte en el mundo actual: "Eso lo hice yo, diría".

Posé desnudo para tres personas

"Dalí me pintó desnudo, Francesco Scavullo me fotografió y Tania Kaleya me pintó también, que fue amante mía y me llevaba como 40 años", asegura.

Esa suerte de Juan Fernández, "el primer hombre oscuro fotografiado con cabellos blancos", de encontrarse con Dalí, le abrió las puertas para filmar en Italia, nada más y nada menos que con Federico Fellini, en la cinta Roma (1973). Después de hacer más de 10 películas en Italia, como extra y en papeles menores, Juan Fernández regresa a Estados Unidos y se va a Los Ángeles, a aprender actuación con Utah Hagen. Lo cuenta de un modo parabólico, en grandes giros narrativos que al final vuelven a unirse en el meollo de lo que quiere decir.

En su haber cuenta con más de 25 cintas, unas 15 para televisión y unos 20 seriados de televisión.

Preguntado sobre la cinta más importante para su carrera, pide que le dé la oportunidad de mencionar tres: "Salvador" (1986), porque le enseñó que si no confiaba en sí mismo, no lograría lo deseado. La segunda, "Cocodrile Dundee II", porque entendió que hay dos sistemas de trabajo, uno por amor y otro por dinero. La tercera, "The lost city", dirigida por Andy García, que será estrenada en la clausura de la Muestra del Cine que se realizará del 7 al 17 de septiembre. "Será una gran película controversial, porque trata sobre Cuba", asegura.

Fulgencio Batista

El rol del dictador cubano le obligó a leer todos los libros escritos sobre Batista, pero se centró en la parte humana, "todo el mundo sabe los crímenes que cometió". Engordó 27 libras para el personaje. Reconoce que la cinta "me pone de nuevo en el sistema A, ya no soy el niño aquel, me tienen que mirar de otra manera. No puedo hacer bobadas".
20050830 http://www.diariolibre.com

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