ACTUALIDAD|20 dic 2012, 11:29 AM|4|POR Tania Molina, Redactora Senior

Bávaro se arrabaliza

El crecimiento poblacional de Bávaro es acelerado y descontrolado.
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La playa de El Cortecito, una de las más atractivas en la zona turística de Bávaro, puede pasar desapercibida para cualquiera que visite la zona por primera vez, aunque llegue a menos de 20 metros de su blanca arena.

La gran cantidad de negocios levantados a su alrededor ocultan el balneario y los turistas nacionales y extranjeros sólo tendrán contacto visual con sus aguas azuladas, cuando un conocedor del lugar les indique uno de los callejones de acceso al mar que, muchas veces, atraviesan el traspatio de los establecimientos.

La contaminación visual que daña y oculta su atractivo turístico es una de las consecuencias de más de 40 años de crecimiento constante y desordenado que ha tenido el poblado, un problema que ahora tratan de enmendar instituciones públicas y privadas de manera conjunta.

Pero la tarea será larga y costosa. Los desarrolladores que la emprendan deberán enfrentarse a un intento fallido de ciudad donde no existen calles suficientes y, las que hay, lucen estrechas y congestionadas. La señalización de las vías es materia pendiente y la disponibilidad de aceras es ínfima (o no existen o son muy pequeñas). No hay escuelas ni hospitales, a menos que sean privados, lo mismo que el sistema de energía que, aunque eficiente, es por mucho, el más caro del país.

Los negocios, en su mayoría de vocación turística, se superponen uno al otro sin secuencia ni orden específico, y las áreas residenciales, de no ser complejos privados, se rigen por el mismo descontrol.

Radhamés Carpio Castillo, alcalde del Distrito Municipal que conforman las localidades de Verón, Bávaro y Punta Cana, atribuye el "desorden" del poblado a la falta de un plan de ordenamiento territorial que delimite cada espacio y sus usos. También, al desinterés de las autoridades gubernamentales por organizar el estilo de vida de un municipio que ya sobrepasa los 52 mil habitantes.

"El desorden existe porque no tenemos vías. Hablamos de una salida vial con la cantidad de vehículos que tenemos y por eso se hacen muchos tapones. Pero también se venía construyendo sin regulación. Todo el mundo construía donde le parecía, en las calles", refiere.

Castillo agrega a la lista de males urbanos el problema de contaminación del subsuelo, debido a que "cualquiera te hace un pozo de aguas buenas, abajo y arriba te hacen un hoyo sanitario". La basura tampoco es controlada y refiere la existencia de 22 vertederos improvisados al aire libre que procedió a cerrar durante los dos años que lleva en el ayuntamiento.

"Hay mucha arrabalización. Los barrios llenos de pobreza, pues no se puede hacer una casita en buena condición, y si eso sigue, en cinco años tendremos una situación totalmente catastrófica para el turismo y todos nosotros", sentencia Castillo.

Con el alcalde coinciden, además, los empresarios de la zona. Frank Elías Rainieri, director del Grupo Punta Cana, refiere el hecho de que en 40 años que llevan en la zona, siendo los pioneros en hacer sus instalaciones hoteleras, la inversión pública de parte del Gobierno ha sido menor a los US$20 millones.

El joven empresario señala que la provincia La Altagracia, a la que corresponde el municipio Verón-Bávaro-Punta Cana, es la de mayor crecimiento poblacional en todo el país, con un 14% anual. También que el 62% de los residentes del municipio son inmigrantes que acuden allí porque "hay dinero y hay trabajo".

"Pero, con esa inmigración tan fuerte, no ha habido una inversión pública que cree la infraestructura necesaria para atender a esa población", dice.

Ernesto Veloz, presidente de la Asociación de Hoteles y Proyectos Turísticos de la zona Este, recuerda que hace 42 años, cuando Frank Rainieri, presidente de Punta Cana, llegó al poblado de Punta Bocachón a construir lo que es hoy Punta Cana, apenas había unas 20 familias en el municipio, pero en la actualidad, además de los 52 mil habitantes fijos, el destino recibe 2 millones de turistas al año.

Para acoger a los visitantes, se han construido en la zona 36 mil habitaciones hoteleras, con una inversión superior a los US$6 mil millones. Pero, según Veloz, esa cantidad de edificaciones no representan un problema, dado que cada proyecto tiene su planta de tratamiento, sistema de drenaje y acueducto particular, y señala que el mal está en los más pobres.

"Esos cordones de miseria se han formado buscando vivir cerca de los hoteles para tener el empleo, y ¿qué sucedió? Que el Estado no ha regulado nada…", comenta. Entiende que lo correcto era que "si haces una construcción de lujo no te pueden hacer un arrabal al lado, pero aquí no había ley, control ni voluntad política para regularlo eso…".

El empresario hotelero insiste en que lo correcto sería eliminar los cinturones de pobreza, "porque no es solo arrabalizante, sino contaminante, pues se supone que no hay salubridad y puede venir una epidemia".

Danny Cristian Luis Carela, que tiene un negocio de artesanía en la playa, construido en madera poco tratada y cana, no entiende que esté arrabalizando el lugar, aunque a pocos metros de su tienda exista un lujoso hotel. Para él, quienes tienen que estar en ese lugar son los dominicanos, que son con quienes los turistas quieren compartir.

"Yo lo que le pido es que pongan más atención en este pueblo, pues es lo que nos queda". Pide poner todo en orden, en especial sanear las aguas contaminadas. "A los empresarios que tomen en cuenta eso, que no les importa si los clientes se enferman, pues ellos lo que quieren es cuarto", comenta, en referencia sobre todo a la contaminación de la playa a consecuencia -dice- de la gran cantidad de botes varados en la orilla.

Su queja se extiende también al Gobierno. "Que pongan más controles y que las autoridades no se vendan, pues vienen supervisores y lo hacen (las inspecciones) en uno o dos días y luego se van y no dan continuidad", afirma.

Inseguridad

Otro mal que se atribuye a la falta de organización en Veron-Bávaro-Punta Cana es la inseguridad. José Miguel, administrador de un restaurante en Bávaro menciona las continuas quejas de los clientes por miedo a que les roben. "No pueden salir tranquilos por esa calle por el agobio y la presión, que no dejan al turista caminar tranquilo". Se refiere a los vendedores que interceptan a los turistas para ofertarle sus productos.

Danny Martínez, vendedor, niega que esté acosando. "Es embuste que estemos acosando, lo que pasa es que el negocio que nosotros tenemos acá ellos (los hoteleros) lo tienen dentro".

El, igual que otro residente del lugar que no quiso identificarse, atribuyen la inseguridad a los inmigrantes, en especial a los rusos. "Ellos son a los que les están dando el trabajo, sin que ellos (los rusos) tengan ningún papelito (identificación)".

Martínez afirma que los rusos están en todo, hacen de falsos guías, duermen en la playa y que cometen muchas fechorías.

El empresario Ernesto Veloz también está consciente de algunas situaciones con los rusos, y lo atribuye a que son la nacionalidad que más está creciendo entre los turistas que visitan la zona, pero no cree que estén robando o haciendo de guías falsos, porque para él, eso es típico de los dominicanos.

"Todas las lluvias traen lodo y vienen los buenos y los malos atrás. Pero no es sólo de ahí. Aquí se han llevado (presos) suecos, italianos, españoles…", sostiene. La nacionalidad que más preocupa a Veloz es la haitiana (que tiene una población en la zona que ronda las 25 mil personas) porque cuando no es época de trabajo y tienen que comer, "eso se convierte en delincuencia".

El destino de Bávaro-Punta Cana tiene unas 36 mil habitaciones, con una inversión de US$6 mil millones.

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