Contabilizando el costo de los desastres (IiI de III)

Desastres naturales. Las tasas de mortalidad de desastres naturales está disminuyendo; y el miedo a que se están haciendo más comunes está mal dirigido. Pero su costo económico está implacablemente en aumento
Como consecuencia de estos incentivos sesgados, la gente rutinariamente reconstruye en áreas que ya han sido devastadas. Bob Meyer, de la Escuela Wharton, menciona el ejemplo de Pass Christian, una ciudad turística en Mississippi, donde un complejo de apartamentos fue destruido por el Huracán Camille en el 1969, y murieron 21 personas que se habían refugiado en él. Más tarde en el mismo lugar se construyeron un centro comercial y condominios que fueron destruidos por el Huracán Katrina en el 2005, desde entonces nuevos condominios se han construido en sus cercanías.
Esto no se debe solo a los incentivos. Como expresa Meyer, la gente tiene la tendencia a ignorar sucesos imprevistos cuando toman una decisión, aun cuando pueda tener consecuencias catastróficas. Leo "Chipper" McDermott, el alcalde de Pass Christian, señala que pasaron más de tres décadas entre Camille y Katrina. "La vida es fortuita. Y déjeme decirle otra cosa: el agua vende."
Si la naturaleza humana no puede ser cambiada, las políticas gubernamentales sí pueden serlo. Eso podría significar gastar más en la prevención de desastres para reducir sus costos. Aproximadamente 20% de la ayuda humanitaria se gasta ahora en respuestas ante desastres, mientras que, según el Banco Mundial, un mezquino (aunque en aumento) 0.7% se gasta en medidas preventivas tomadas para mitigar las posibles consecuencias.
Replanteamiento holandés
Los Países Bajos, cuya existencia por mucho tiempo ha estado a merced de la naturaleza, podrían estar a la vanguardia del replanteamiento de cómo enfrentarla. Aproximadamente el 60% del país está o bajo el nivel del mar o a riesgo de inundaciones regulares provenientes del Mar del Norte o de los ríos Rin, Mesuse y Schelt y sus tributarios. En el 1953, una combinación de marea alta de primavera y tormenta severa sobre el Mar del Norte sobrepasó los diques inundando 9% de sus tierras de cultivo y matando a 1,800 personas. La respuesta del país fue un programa de una década de "obras en los deltas" para proteger los estuarios de mareas de tormenta y de fortalecimiento y elevamiento de los diques.
El éxito de esas defensas perversamente ha hecho las consecuencias de fracaso aún más grandes, dice Piet Dircke de Arcadis, una empresa de ingenieros danesa que se especializa en gestión del agua. Protegido por las obras en los deltas y los diques, la tierra entre Amsterdam y Rotterdam ha sido fuertemente industrializada y ahora provee la mayor producción del país. "Las zonas del norte y el sur de los Países Bajos son mucho más seguras pero son económicamente menos atractivas. La gente se está mudando a la región occidental de Holanda debido a que allí es donde la economía está creciendo".
En el 1993 y nuevamente en el 1995 fuertes inundaciones de los ríos inundaron el campo y casi sobrepasaron los diques en los centros de población obligando a la evacuación de más de 250,000 personas. Katrina fue la última alarma, haciendo que los holandeses despertaran a la poca confiabilidad de las predicciones del clima y de sucesos que ocurren una vez en un siglo y la imposibilidad de repetir lo sucedido en los Estados Unidos de evacuar a un millón de personas.
El resultado ha sido que la filosofía del país para el control de inundaciones ha cambiado de construir diques cada vez más grandes a hacer a sus ciudades y campos más resistentes a las inundaciones. En el 2007 lanzó un proyecto de €2.3 mil millones "Espacio para el Río". En 39 lugares a lo largo de los ríos Meuse, Rin, Ijssel, y Waal, los diques se han mudado tierra adentro, se profundizaron los cauces y ahora tierra ocupada por fincas y viviendas ha sido deliberadamente expuesta a las inundaciones. Hace siglos los holandeses inventaron la palabra "pólder" para describir tierra seca creada al encerrar llanuras inundables (aguas poco profundas) con diques. Ahora están "despolderizando", quitando o reduciendo el tamaño de los diques alrededor y devolviendo la tierra a su condición de llanura inundable. La corriente máxima del Rin sin provocar desastres será elevada de 15,000 metros cúbicos por segundo a 16,000 y, eventualmente, a 18,000.
El pólder Noordwaard al sudeste de Rotterdam fue una llanura inundable hasta el 1973, cuando las obras en el delta lo hicieron adecuado para ganado y vegetales. Ahora lo están devolviendo a su condición de llanura inundable para que absorba las aguas de inundación que podrían inundar las ciudades río arriba. Para hacerlo, el gobierno tuvo que persuadir a 18 agricultores a mudarse o a elevar sus haciendas. Wim de Wit, quien cría 75 cabezas de ganado en la finca que su padre inició en el 1979, eligió lo último. Cerca de su hacienda, palas mecánicas están creando un terraplén, o "terp", sobre el que se construirá la nueva vivienda, protegida de las inundaciones periódicas que seguirán. No será agradable, reconoce De Wit, "pero solo ocurre una vez cada 25 años". Y si pierde algún ganado o cosecha debido a inundaciones, el gobierno le compensará.
Los holandeses están creando una industria de promoción de su filosofía de gestión del agua en todo el mundo. Deltares, un instituto de investigación, recomienda que el gobierno tailandés emule el programa Espacio para el Río mudando los diques lo más hacia atrás posible, limitando el desarrollo de las llanuras inundables y unificando la gestión del agua de manera que la seguridad no esté subordinada a la irrigación y a la generación de electricidad.
Pass Christian después del paso de Katrina
Pero el enfoque danés tiene limitaciones. Primero es costoso. A los agricultores se les pagó el valor de mercado para que abandonaran los pólderes. Hacer esto en una ciudad más densamente poblada o en una zona industrial sería demasiado costoso. En los Estados Unidos y en China, desde hace mucho tiempo los gobiernos tienen el derecho de abrir una brecha en los diques e inundar periódicamente tierras ocupadas para evitar inundaciones extremas. Jaap Kwadijk de Deltares señala que el gobierno holandés anteriormente se había negado a hacerlo. Si ocurre una inundación que exceda hasta la gran capacidad de los diques, "no tenemos un plan B".
Si las ciudades no pueden ser movidas, al igual que las fincas pólder, tendrán que hacerse más resistentes a los desastres. En lugar de depender de los diques para que mantengan el agua fuera, Rotterdam también está tratando de mitigar las consecuencias si el agua entra. Se construyó un tanque de 10,000 metros cúbicos en un nuevo estacionamiento, suficientemente grande para captar aproximadamente un 25% del agua de una inundación que ocurre cada siglo. Una plaza pública ha sido diseñada para convertirse en piscinas para niños cuando se llena de agua lluvia.
En el muelle de la ciudad se encuentra un pabellón flotante en forma de campos de fútbol construido sobre bloques de espuma. Es un modelo de las comunidades flotantes que la ciudad espera podrían un día repoblar las tierras del muelle, cuyas actividades tradicionales se están mudando a otros lugares. Pieter Figdor, uno de los arquitectos del pabellón, dice que las edificaciones flotantes pueden ser de hasta siete pisos de altura, son inherentemente a prueba de inundaciones y se pueden mudar fácilmente.
Protección de la riqueza
El hacer las ciudades más resistentes requiere de concesiones más severas en el mundo en vías de desarrollo. Por una parte, la urbanización elimina en las ciudades sus defensas naturales contra los desastres y expone a más personas a pérdida de vida y propiedades cuando ocurren terremotos o ciclones. Por otra parte, la urbanización hace más rica a la gente pobre. La densidad y la infraestructura de las ciudades hacen a la gente más productiva y tener mayor capacidad para costear las medidas necesarias para su seguridad. De manera que las medidas de mitigación no deben disuadir a la gente de apiñarse en ciudades vulnerables sino establecer incentivos para que las ciudades y sus habitantes se protejan mejor.
Muchas ciudades tienen códigos estrictos de construcción pero no los implementan. El Banco Mundial alega que el dar a los habitantes de las ciudades títulos de propiedad estimularía la inversión en su seguridad, y la eliminación de los controles de alquiler estimularía a los propietarios a cumplir con los códigos de construcción, ya que podrían recuperar su gasto. Infraestructuras ordinarias pueden ser diseñadas para que se puedan emplear como protección ante desastres, asegurando que tendrán un mantenimiento adecuado cuando sea necesario. El Banco Mundial cita dos ejemplos: escuelas construidas en terrenos altos que sirven como albergues en caso de ciclones y un túnel en una carretera en Kuala Lumpur que se utiliza como un tanque de contención de inundaciones.
En la medida que las sociedades se desarrollan pueden permitirse las infraestructuras humanas y físicas necesarias para protegerse contra, y responder, a los desastres naturales. Con el tiempo, el terremoto, el tsunami y las inundaciones serán un mero punto en el PIB de Japón y Tailandia, gracias a la rápida reconstrucción que ha sido posible por la misma riqueza que significó el costo de los desastres. La lección para los países más pobres es que el crecimiento es la mejor política de mitigación de desastres.
© 2011 The Economist Newspaper Limited. All rights reserved.
De The Economist, traducido por Diario Libre y publicado bajo licencia. El artículo original en inglés puede ser encontrado en www.economist.com
Como consecuencia de estos incentivos sesgados, la gente rutinariamente reconstruye en áreas que ya han sido devastadas. Bob Meyer, de la Escuela Wharton, menciona el ejemplo de Pass Christian, una ciudad turística en Mississippi, donde un complejo de apartamentos fue destruido por el Huracán Camille en el 1969, y murieron 21 personas que se habían refugiado en él. Más tarde en el mismo lugar se construyeron un centro comercial y condominios que fueron destruidos por el Huracán Katrina en el 2005, desde entonces nuevos condominios se han construido en sus cercanías.
Esto no se debe solo a los incentivos. Como expresa Meyer, la gente tiene la tendencia a ignorar sucesos imprevistos cuando toman una decisión, aun cuando pueda tener consecuencias catastróficas. Leo "Chipper" McDermott, el alcalde de Pass Christian, señala que pasaron más de tres décadas entre Camille y Katrina. "La vida es fortuita. Y déjeme decirle otra cosa: el agua vende."
Si la naturaleza humana no puede ser cambiada, las políticas gubernamentales sí pueden serlo. Eso podría significar gastar más en la prevención de desastres para reducir sus costos. Aproximadamente 20% de la ayuda humanitaria se gasta ahora en respuestas ante desastres, mientras que, según el Banco Mundial, un mezquino (aunque en aumento) 0.7% se gasta en medidas preventivas tomadas para mitigar las posibles consecuencias.
Replanteamiento holandés
Los Países Bajos, cuya existencia por mucho tiempo ha estado a merced de la naturaleza, podrían estar a la vanguardia del replanteamiento de cómo enfrentarla. Aproximadamente el 60% del país está o bajo el nivel del mar o a riesgo de inundaciones regulares provenientes del Mar del Norte o de los ríos Rin, Mesuse y Schelt y sus tributarios. En el 1953, una combinación de marea alta de primavera y tormenta severa sobre el Mar del Norte sobrepasó los diques inundando 9% de sus tierras de cultivo y matando a 1,800 personas. La respuesta del país fue un programa de una década de "obras en los deltas" para proteger los estuarios de mareas de tormenta y de fortalecimiento y elevamiento de los diques.
El éxito de esas defensas perversamente ha hecho las consecuencias de fracaso aún más grandes, dice Piet Dircke de Arcadis, una empresa de ingenieros danesa que se especializa en gestión del agua. Protegido por las obras en los deltas y los diques, la tierra entre Amsterdam y Rotterdam ha sido fuertemente industrializada y ahora provee la mayor producción del país. "Las zonas del norte y el sur de los Países Bajos son mucho más seguras pero son económicamente menos atractivas. La gente se está mudando a la región occidental de Holanda debido a que allí es donde la economía está creciendo".
En el 1993 y nuevamente en el 1995 fuertes inundaciones de los ríos inundaron el campo y casi sobrepasaron los diques en los centros de población obligando a la evacuación de más de 250,000 personas. Katrina fue la última alarma, haciendo que los holandeses despertaran a la poca confiabilidad de las predicciones del clima y de sucesos que ocurren una vez en un siglo y la imposibilidad de repetir lo sucedido en los Estados Unidos de evacuar a un millón de personas.
El resultado ha sido que la filosofía del país para el control de inundaciones ha cambiado de construir diques cada vez más grandes a hacer a sus ciudades y campos más resistentes a las inundaciones. En el 2007 lanzó un proyecto de €2.3 mil millones "Espacio para el Río". En 39 lugares a lo largo de los ríos Meuse, Rin, Ijssel, y Waal, los diques se han mudado tierra adentro, se profundizaron los cauces y ahora tierra ocupada por fincas y viviendas ha sido deliberadamente expuesta a las inundaciones. Hace siglos los holandeses inventaron la palabra "pólder" para describir tierra seca creada al encerrar llanuras inundables (aguas poco profundas) con diques. Ahora están "despolderizando", quitando o reduciendo el tamaño de los diques alrededor y devolviendo la tierra a su condición de llanura inundable. La corriente máxima del Rin sin provocar desastres será elevada de 15,000 metros cúbicos por segundo a 16,000 y, eventualmente, a 18,000.
El pólder Noordwaard al sudeste de Rotterdam fue una llanura inundable hasta el 1973, cuando las obras en el delta lo hicieron adecuado para ganado y vegetales. Ahora lo están devolviendo a su condición de llanura inundable para que absorba las aguas de inundación que podrían inundar las ciudades río arriba. Para hacerlo, el gobierno tuvo que persuadir a 18 agricultores a mudarse o a elevar sus haciendas. Wim de Wit, quien cría 75 cabezas de ganado en la finca que su padre inició en el 1979, eligió lo último. Cerca de su hacienda, palas mecánicas están creando un terraplén, o "terp", sobre el que se construirá la nueva vivienda, protegida de las inundaciones periódicas que seguirán. No será agradable, reconoce De Wit, "pero solo ocurre una vez cada 25 años". Y si pierde algún ganado o cosecha debido a inundaciones, el gobierno le compensará.
Los holandeses están creando una industria de promoción de su filosofía de gestión del agua en todo el mundo. Deltares, un instituto de investigación, recomienda que el gobierno tailandés emule el programa Espacio para el Río mudando los diques lo más hacia atrás posible, limitando el desarrollo de las llanuras inundables y unificando la gestión del agua de manera que la seguridad no esté subordinada a la irrigación y a la generación de electricidad.
Pass Christian después del paso de Katrina
Pero el enfoque danés tiene limitaciones. Primero es costoso. A los agricultores se les pagó el valor de mercado para que abandonaran los pólderes. Hacer esto en una ciudad más densamente poblada o en una zona industrial sería demasiado costoso. En los Estados Unidos y en China, desde hace mucho tiempo los gobiernos tienen el derecho de abrir una brecha en los diques e inundar periódicamente tierras ocupadas para evitar inundaciones extremas. Jaap Kwadijk de Deltares señala que el gobierno holandés anteriormente se había negado a hacerlo. Si ocurre una inundación que exceda hasta la gran capacidad de los diques, "no tenemos un plan B".
Si las ciudades no pueden ser movidas, al igual que las fincas pólder, tendrán que hacerse más resistentes a los desastres. En lugar de depender de los diques para que mantengan el agua fuera, Rotterdam también está tratando de mitigar las consecuencias si el agua entra. Se construyó un tanque de 10,000 metros cúbicos en un nuevo estacionamiento, suficientemente grande para captar aproximadamente un 25% del agua de una inundación que ocurre cada siglo. Una plaza pública ha sido diseñada para convertirse en piscinas para niños cuando se llena de agua lluvia.
En el muelle de la ciudad se encuentra un pabellón flotante en forma de campos de fútbol construido sobre bloques de espuma. Es un modelo de las comunidades flotantes que la ciudad espera podrían un día repoblar las tierras del muelle, cuyas actividades tradicionales se están mudando a otros lugares. Pieter Figdor, uno de los arquitectos del pabellón, dice que las edificaciones flotantes pueden ser de hasta siete pisos de altura, son inherentemente a prueba de inundaciones y se pueden mudar fácilmente.
Protección de la riqueza
El hacer las ciudades más resistentes requiere de concesiones más severas en el mundo en vías de desarrollo. Por una parte, la urbanización elimina en las ciudades sus defensas naturales contra los desastres y expone a más personas a pérdida de vida y propiedades cuando ocurren terremotos o ciclones. Por otra parte, la urbanización hace más rica a la gente pobre. La densidad y la infraestructura de las ciudades hacen a la gente más productiva y tener mayor capacidad para costear las medidas necesarias para su seguridad. De manera que las medidas de mitigación no deben disuadir a la gente de apiñarse en ciudades vulnerables sino establecer incentivos para que las ciudades y sus habitantes se protejan mejor.
Muchas ciudades tienen códigos estrictos de construcción pero no los implementan. El Banco Mundial alega que el dar a los habitantes de las ciudades títulos de propiedad estimularía la inversión en su seguridad, y la eliminación de los controles de alquiler estimularía a los propietarios a cumplir con los códigos de construcción, ya que podrían recuperar su gasto. Infraestructuras ordinarias pueden ser diseñadas para que se puedan emplear como protección ante desastres, asegurando que tendrán un mantenimiento adecuado cuando sea necesario. El Banco Mundial cita dos ejemplos: escuelas construidas en terrenos altos que sirven como albergues en caso de ciclones y un túnel en una carretera en Kuala Lumpur que se utiliza como un tanque de contención de inundaciones.
En la medida que las sociedades se desarrollan pueden permitirse las infraestructuras humanas y físicas necesarias para protegerse contra, y responder, a los desastres naturales. Con el tiempo, el terremoto, el tsunami y las inundaciones serán un mero punto en el PIB de Japón y Tailandia, gracias a la rápida reconstrucción que ha sido posible por la misma riqueza que significó el costo de los desastres. La lección para los países más pobres es que el crecimiento es la mejor política de mitigación de desastres.
© 2011 The Economist Newspaper Limited. All rights reserved.
De The Economist, traducido por Diario Libre y publicado bajo licencia. El artículo original en inglés puede ser encontrado en www.economist.com
Diario Libre
Diario Libre