El talón de Aquiles de Europa

El respiro de la crisis del euro duró apenas unos meses. Ahora, a pesar del segundo rescate griego de €130 mil millones ($169 mil millones), un pacto fiscal acordado por los líderes de la eurozona en diciembre y €1 trillón en préstamos baratos a largo plazo del Banco Central Europeo, las pesadillas han regresado. Qué desalentador que Europa todavía esté tan mal preparada para lo que le espera.
El tiempo apremia. En Francia los votantes le han dado a su nuevo presidente, François Hollande, un mandato de alterar el curso de "austeridad" establecido por su predecesor, Nicolas Sarkozy y Angela Merkel, la canciller alemana, y que se concentre en el crecimiento. Merkel dice que ella no cambiará el pacto fiscal, pero Hollande necesita algo que mostrar a los votantes en las elecciones congresuales el mes que viene. Más amenazante es la segunda elección que se avecina en Grecia, donde los partidos están luchando por formar un gobierno. Si la mayoría de los griegos votan nuevamente para rechazar los recortes de gastos y las reformas que requiere el rescate del país, entonces los gobiernos de la eurozona -especialmente Alemania- enfrentarán una decisión drástica. Merkel acomodará a Grecia y se tragará el riesgo moral de recompensar la rebeldía, o lo que es más probable, se mantendrá firme y dejará a los griegos a la deriva.
La idea de una salida caótica de Grecia del euro en un momento de desunión franco-alemana debería atemorizar a todos los que toca (el daño que podría ocasionar a la economía mundial podría, por ejemplo, ser el mayor riesgo a las probabilidades de reelección de Barack Obama). Con tanto en juego, el resto de la eurozona urgentemente necesita disminuir el riesgo de que el contagio de la salida de Grecia infecte a Portugal, Irlanda y hasta a España e Italia. La preocupación es que, justo en el momento cuando se necesita una verdadera política, los políticos son presa de auto engaño, con los líderes de los países principales vendiendo seductoras medias verdades que prometen a los ciudadanos europeos una salida más fácil.
Las historias que cuenta la gente…
La eurozona necesita hacer muchas cosas difíciles. Nuestra lista incluiría por lo menos: a corto plazo, un ajuste fiscal más lento, mayor inversión, política monetaria más flexible para promover el crecimiento y un cortafuego financiero más fuerte para proteger del contagio a los debiluchos de la periferia (todo lo que le disgusta a Alemania); a mediano plazo, reformas estructurales de los rígidos mercados europeos y los estados sobreproteccionistas (lo que no sería popular en Europa del sur), junto con un plan para mutualizar por lo menos parte de la deuda pendiente y establecer un mecanismo amplio de resolución bancaria en Europa (una idea complicada para todos). Es una agenda ambiciosa, pero a principios de año, con los italianos, españoles y griegos tomando decisiones difíciles y el BCE distribuyendo dinero, las políticas parecían plausibles.
Ahora han caído en el país de los sueños. Francia es el ejemplo más obvio. Hollande tiene razón en que el crecimiento transformaría las perspectivas de Europa, haciendo la deuda más manejable, restaurando los bancos y disminuyendo el desempleo. Pero esa verdad se desmiente con dos falsedades. A pesar de sus palabras insinceras sobre la consolidación fiscal, él, por encima de todo, prometió pagar e imponer impuestos para resolver la crisis, dejando a los votantes franceses con la fantasía de que los ricos pueden pagar y que sus privaciones serían limitadas. También les dijo que el liberalismo, la privatización y la desregulación son los culpables de la crisis europea: ahora Francia está comprometida con la idea de refugiarse detrás de las mismas barreras a la empresa que hicieron que su economía no fuera competitiva.
En el corto plazo Hollande podría lograr un consenso con Merkel: se podría agregar un pacto de crecimiento al pacto fiscal. De hecho también Alemania podría hacer más para estimular la demanda. Pero de todos modos Hollande tendrá que tolerar las reformas debido a que él necesita un plan creíble a mediano plazo para pagar los gastos de prestaciones sociales sin recurrir a préstamos. Además, en la medida que sus vecinos se embarcan en las reformas, Francia tendrá que unírseles o ver cómo crece el desempleo y los salarios se estancan. Qué maravilloso sería si el recorte de tasas de interés, 60,000 puestos adicionales para los maestros y algunas nuevas carreteras pudieran evitarles a los franceses todo esto. Pero esa hada madrina del crecimiento no existe.
…y las historias en las que creen
En toda Europa se repite el mismo patrón. En Italia la verdad a medias es que el país puede escapar a su disfuncional política confiándole las decisiones difíciles a un tecnócrata. Su primer ministro, Mario Monti, es realmente un hombre dotado, pero el voto de protesta de esta semana en las elecciones locales sugiere que las políticas impopulares que afectan la vida de tantos italianos es mejor que sean decididas por políticos elegidos. La verdad a medias alemana es que los problemas de la eurozona se pueden resolver sencillamente con los países endeudados haciendo sacrificios para lograr la prosperidad. En realidad, los alemanes necesitan vivir con una inflación más alta, consumir un poco más y apuntalar a los miembros más débiles del euro. De hecho, el euro sobrevivirá solo si cada país enfrenta las alternativas que está evitando. Como una horrible broma, el euro necesita la reforma francesa, la extravagancia alemana y la madurez política italiana.
Lo peor ocurre en Grecia. La verdad a medias en Atenas es que los fanáticos europeos del norte no le dan crédito a los griegos por los sacrificios que han hecho. Grecia realmente ha sufrido: entre el 2007 y el 2012 su economía se espera que se ha reducido en casi una quinta parte. La economía está estrangulada por una contracción de crédito y liquidez severa, con las expectativas de más recortes presupuestarios y aumento de impuestos. Aun si todo sale bien, la deuda griega será de 161% del PIB el próximo año. No importa la composición de su próximo gobierno, la idea de que Grecia puede pagar es la mayor fantasía de todas.
¿Significa eso que Grecia sigue estando mejor si continúa en el euro? Probablemente, aunque cada vez es más difícil sopesarlo. Su salida, y el consecuente incumplimiento, reducirían su deuda, restablecerían la competitividad y retarían a sus políticos a hacerse dueños de su destino. Sin embargo el abandonar al euro también crearía caos y destruiría los ahorros y, como ha ocurrido tantas veces en el pasado, sus ventajas podrían desaparecer rápidamente. El resto de la eurozona también está mejor con Grecia "dentro", aunque solo sea por el riesgo del contagio (y lo mal preparados que están para ello). Pero de nuevo, no a cualquier precio.
Si Grecia rechaza el segundo rescate o incumple dramáticamente su programa, su salida podría ser inevitable. Merkel y Hollande podrían tener tan poco como un mes para prepararse para ello. Les espera un arduo trabajo.
© 2012 The Economist Newspaper Limited. All rights reserved. De The Economist, traducido por Diario Libre y publicado bajo licencia. El artículo original en inglés puede ser encontrado en www.economist.com
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