The Economist|26 nov 2012, 12:00 AM|POR Diario Libre

Los riesgos de Petrobras

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El descubrimiento de Brasil de enormes cantidades de petróleo en alta mar en el 2007 se sintió como un momento transformador. Para Petrobras, la empresa petrolera estatal, incrementó las perspectivas de bombear 5 millones de barriles al día para el 2020 - un incremento de los cerca de 2 millones que bombea ahora - lo que representaba una ganancia inesperada para el gobierno y jugosos beneficios para inversionistas minoritarios. Bajo Graça Foster, la jefa de Petrobras desde febrero, el hallazgo podría ser una bendición para ambos. Pero ambos primero enfrentan un agitado viaje.

La historia reciente no es muy halagadora. Los inversionistas que compraron durante la emisión de bonos de Petrobras en el 2010 han perdido más de una cuarta parte de su dinero a los precios actuales. En agosto la empresa publicó su primera pérdida trimestral en 13 años; los más recientes resultados trimestrales fueron flojos. Entretanto Ecopetrol de Colombia ha colocado a la empresa en el segundo lugar de Sur América por la capitalización de mercado.

¿Qué salió mal? La principal preocupación de Petrobras en el 2007 parecía ser la forma en que se bombearía el nuevo petróleo, conocido como pré-sal ("debajo de sal"), que está enterrado debajo de rocas y sal en aguas ultra profundas. Pero sus ingenieros rápidamente resolvieron ese problema: Petrobras produjo 71,000 barriles al día de pré-sal el año pasado. El programa corporativo de inversión más grande del mundo está llevando el petróleo del lecho marino al mercado. En lugar del know-how, los problemas técnicos han incluido mala administración y costos inflados.

Sin embargo, la mayor dificultad ha sido la intromisión política. Desde el 2006, el gobierno ha puesto precios tope al petróleo para combatir la inflación. Para satisfacer la demanda creciente, Petrobras se ha visto obligada a completar lo que produce con importaciones, que luego vende con pérdidas. Los requisitos legales de emplear y vender piezas nacionales - para dar apoyo al empleo e industria brasileña - han creado un caos en los presupuestos y los programas.

El problema tiene una década. Para los estándares latinoamericanos, Petrobras es un modelo de empresa estatal; sin embrago, el gobierno de Brasil la ha empleado como un instrumento político para muchos fines. Al igual que mantener los precios bajos, y ayudar a la economía, se le ha pedido construir refinerías en el nordeste pobre para promover el desarrollo regional. La creciente nacionalización de los recursos significa que un anterior régimen de licencias liberal fue ajustado para hacer de la empresa el único operador principal al que se le permite el acceso a los campos de pré-sal. Eso dejó a otras instituciones frustradas y a Petrobras sobrecargada. Foster necesitará ponerse fuerte si desea cambiar a la empresa más grande de Brasil - que (junto a sus suplidores) contribuye con cerca del 10% del PIB, y en la que depende en gran medida el desarrollo industrial del país.

Foster es ingeniero de carrera que ascendió a través de su trabajo en la empresa; una famosa gerente exigente; y un gran cambio de su predecesor, Sergio Gabrielli, quien es primero un político de maneras suaves y luego un petrolero. Ella es diplomática en cuanto a su predecesor, pero ha sustituido algunos de sus acólitos y está analizando muchos de los acuerdos firmados durante su gestión. Su plan a cinco años, lanzado en junio, reduce su meta de producción para el 2020 en 11%. En el futuro, promete ella, la empresa será "más realista".

Ella describe su enfoque como "un ajuste administrativo muy intenso". Tiene cuatro partes, explica ella: venta de activos en el exterior, metas de desempeño individual para cada plataforma y gerente, mejor mantenimiento y un rígido control de costos. El solo hecho de introducir cierres programados para mantenimiento, dice ella, requirió "reeducación - un nuevo modelo mental, no importa lo obvio que parezca". Para finales de año, cada empleado de Petrobras habrá recibido una carta firmada por ella estableciendo sus metas de recorte de gastos.

Los inversionistas se preguntarán por qué esas medidas solo se están introduciendo ahora - y si, ante la interferencia política-, serán suficientes. Ana Ares, de Fitch, una empresa calificadora, dice que la prueba crucial será si Foster podrá negociar un aumento del precio del petróleo. El tener que vender petróleo importado con pérdidas coloca a la empresa en la extraña posición de tener mejores resultados cuando los precios internacionales del petróleo son más bajos. Otra señal será si logra persuadir al gobierno de relajar las rígidas reglas de las compras nacionales. Dice Adriano Pires, un consultor de energía que "al mercado le gusta la forma en que Graça habla". "Pero metas realistas y buena administración no te llevan a ningún lugar si el accionista mayoritario no permite que se haga lo necesario."

Esa intromisión puede ser preocupantemente miope. Por ejemplo, las medidas antinflacionarias significan que, en las bombas, la gasolina socava al etanol, que no está regulado por precio (la mayoría de los carros brasileños utilizan una mezcla de ambos). Además de costarle miles de millones a Petrobras en las importaciones de petróleo, la diferencia de precio estimula a los brasileños a dejar de comprar etanol. Eso hizo que los inversionistas nacionales se dirigieran a otros negocios - lo que a su vez significó que Brasil estaba mal preparado para capitalizar cuando los Estados Unidos descartaron las tarifas del etanol extranjero a principios de año. Un cambio de gasolina a etanol sería la manera más sencilla de poner fin a la costosa importación de petróleo extranjero, dice Foster, y "sería muy bienvenido por Petrobras".

Dice Foster que la junta - que está dominada por directores nombrados por el gobierno - ahora entiende que la empresa necesita concentrarse en bombear petróleo si desea generar los ingresos para invertir en las refinerías y terminales que crean empleos. Ella rechaza la idea de que Petrobras se maneja para el bien de Brasil en lugar del suyo propio. "Petrobras no ve el desarrollo del país como su negocio principal", dice ella. "Cada proyecto que podría ser excelente para el país no será realizado, debido a que no todos son económicamente justificables." Es en el interés a largo plazo de Brasil, al igual que en el de los accionistas de Petrobras, que ella logre que ese mensaje sea aceptado.

© 2012 The Economist Newspaper Limited. All rights reserved. De The Economist, traducido por Diario Libre y publicado bajo licencia. El artículo original en inglés puede ser encontrado en www.economist.com

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