Ecos|28 ene 2013, 12:00 AM|4|POR Simón Guerrero

Guaraguao podría ser símbolo de Águilas Cibaeñas

El guaraguao

SANTO DOMINGO. El guaraguao (Buteo jamaicensis), no la cuyaya (Falco sparverius), debería ser el símbolo de las Águilas Cibaeñas. No sólo porque la cuyaya no tiene el aspecto marcial que se espera del icono de este aguerrido equipo de baseball, sino porque ni siquiera pertenece a la familia de las águilas (Accipitridae) sino a la familia de los halcones (Falconidae).

La cuyaya es un halconcito pequeño de unos 65 centímetros de longitud y que pesa unos 115 gramos. El guaraguao, en cambio, es un miembro legítimo de la familia de las águilas, que mide de 45 a 65 centímetros y pesa 1,028 gramos el macho, y 1,224, la hembra. Es tan agresivo, que los cetreros que los entrenan para cazar liebres recomiendan manejarlos con mucha cautela.

Otro candidato potencial como ave emblemática de las Águilas Cibaeñas sería el gavilán (Buteo ridgwayi), pariente cercano del guaraguao y además endémico. Pero tampoco es un "águila" impresionante. Mide de 36 a 41 centímetros y el macho pesa cerca de 260 gramos. Además, en materia de comportamiento tampoco tiene un aire imperial. Es una especie frágil que luce mucho más vulnerable que los otros miembros del género buteo.

Esa diferencia en tamaño entre macho y hembra es común entre las rapaces y muy rara en el resto de las aves, donde casi siempre los machos son mayores, aunque la variable tamaño interactúa con el tipo de relación conyugal. ¿Por qué esta diferencia entre macho y hembra? ¿Por qué son las hembras las más grandes?

Como siempre que se trata de explicar rasgos establecidos mediante mecanismos de evolución adaptativa, porque contribuían a la supervivencia de la especie, los científicos son muy cautelosos al formular sus hipótesis. Como la causa de esos rasgos se pierde en la noche de los tiempos, tienen que recurrir a un diseño conocido como "Ex Post Facto" ("Después de los hechos"), mediante el cual buscan en el pasado las posibles causas de un hecho presente.

Ignoro, por ejemplo, qué causa el cáncer de pulmón, y ante la imposibilidad ética de hacer un verdadero experimento, recurro a este diseño y viajo al pasado buscando características comunes (fumar tabaco, por ejemplo) a estos pacientes.

Aunque mediante este diseño es difícil establecer de manera inequívoca una relación causal, la acumulación de evidencias convergentes de muchos estudios permite llegar a conclusiones altamente probables, tales como "fumar tabaco causa cáncer".

Para explicar la notable diferencia que se observa en las rapaces entre macho y hembra en cuanto al tamaño del cuerpo, muchos autores sugieren que esta diferencia evita la competencia potencial por alimento entre los miembros de la pareja. Al ser el macho menor, se ve forzado a alimentarse de presas más pequeñas, dejando las más grandes a la hembra, lo que permite a la pareja aprovechar al máximo el alimento disponible. Para reducir la competencia entre parejas que comparten un mismo territorio, es crucial que macho y hembra se concentren en diferentes tipos de presas.

Sin embargo, en muchos casos (tanto entre las aves como entre los mamíferos), la diferencia corporal entre macho y hembra se explica en función de la relación conyugal: en las especies poligámicas (un macho con varias hembras) como la gallina y el gorila, se argumenta que los machos más grandes son los que sobreviven porque pueden defender su harem de los otros machos. Pero esta explicación no funciona con las aves de rapiña, que son casi siempre monógamas (un macho forma pareja con una hembra). (Continuará)

guerrero.simon@gmail.com

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