Una sala “modular” permite que Adolfo Lucero coloque su mobiliario de diferentes maneras y sin complicación alguna.
Entre el collage y Le Corbusier… Aquí se observan un sillón de Le Corbusier (también apodado como la “máquina de relación”) y collage de Adolfo Lucero, mediante el cual drena su creatividad.
En este estudio reina una colección de muñecos del Museo de Arte de Nueva York, una serie de carros en miniatura y un ajedrez con figuras animadas, entre otros detalles,
El espíritu de diseñador de Adolfo Lucero se apodera de esta sala que muestra una alfombra blanquinegra a juego con la neutralidad del sofá y del oscuro piso. En las mesas, una afición por recopilar diferentes tipos de cámaras antiguas, y un sinnúmero de libros y revistas de decoración e interiorismo hablan por sí solas de las grandes pasiones de la vida de su dueño.
La cocina es el punto de reunión y transmite la pasión que le impregna el color rojo. Allí la blanca mesa genera el balance necesario entre los cajones enmaderados y las enrojecidas paredes. Por su parte, todos los utensilios de esta estancia son prácticos y funcionales, y la iluminación se maneja bajo un estilo high tech.
Una fantasía en blanco y negro se presenta en este baño de las visitas, donde los espejos reciclados con sus marcos pintados de blanco lo dotan de cierto halo de eclecticismo.
En el hiperventilado dormitorio de Lucero predominan la sencillez, la prolijidad y hasta su fanatismo por los collages.