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Rechazo a la austeridad

Luce absurdo, dejar de echarle gasolina a un carro y esperar que siga caminando. ¿A quién se le ocurre algo tan ilógico?

Eso mismo piensan quienes se oponen a la austeridad en tiempos de crisis económica. Ven la economía como un carro listo para arrancar al que sólo le hace falta combustible, con pasajeros parados de pie a su lado cargados de paquetes, esperando que les den la señal para montarse. En la economía, el combustible equivale a la demanda de bienes y servicios, los pasajeros parados son los desempleados, los paquetes son los demás recursos (como fábricas, maquinarias y viviendas) ociosos o parcialmente utilizados, y la señal se dará cuando haya un aumento en las ventas.

Desde esa óptica, los enemigos de la austeridad proponen un incremento del gasto para salir de la crisis. Creen que al aumentar la demanda de bienes y servicios, los empresarios responderán recontratando personal, reabriendo factorías y aumentando la producción.

Ese proceso, a su vez, elevará el pago de impuestos al gobierno, permitiéndole gastar más, y si se lleva a cabo en varios países al mismo tiempo crecerá el comercio entre ellos, incrementando las exportaciones y las importaciones.

Pero para que esos eventos ocurran hay que empezar a gastar, y los adversarios de la austeridad sugieren que se comience por el gasto público, pues entienden que es más difícil persuadir a empresas y consumidores a que aumenten sus gastos e inversiones. Ellos lo harán, pero sólo después de que la economía empiece a reactivarse.

Y hacen referencias a los planteamientos del gran economista inglés del siglo pasado J. M. Keynes, quien escribió en el contexto de la Gran Depresión de los 1930's y presentó soluciones para salir de ella mediante políticas económicas de incremento en la demanda.

¿Son esos postulados válidos para la crisis actual en Europa y los EE.UU? Continuaremos el tema en una próxima columna.