Lecturas|31 jul 2010, 12:00 AM|POR JOSÉ DEL CASTILLO PICHARDO
LECTURAS CONVERSANDO CON EL TIEMPO POR JOSÉ DEL CASTILLO PICHARDO

Pliego de Priegos

Obra de Harold Priego.
Harold Priego -quien acumula una amplia experiencia como director artístico de las más reputadas agencias publicitarias del país- es hijo de artista. Su padre, el muy querido don Joaquín Priego vecino por décadas de mi hermana Miriam, destacó en la escultura. Con énfasis en la temática histórica colonial y nacional, así como en los motivos y diseños surgidos del rico arte taíno. Fue, a su vez, uno de los artífices del desarrollo artesanal promovido desde el Estado a través del Centro Nacional de Artesanía (Cenadarte) que dirigió en varias oportunidades, a cuyo consejo estuve ligado junto a Manuel García Arévalo, Federico Fondeur, Alina Mera y Said Musa. Su labor magisterial fue intensa, multiplicada en centros técnico vocacionales y en la conducción de la Escuela Nacional de Bellas Artes.

Uno de sus conjuntos escultóricos nuclea la Plaza de la Democracia, monumento de la modernidad destinado a honrar la memoria de doce figuras emblemáticas de la civilidad dominicana. Bustos de Mella y Sánchez en la Puerta de la Misericordia, Pedro Henríquez Ureña frente al Banco Central. Una formidable cabeza del cacique Caonabo. Bartolomé Colón en la sede del Ayuntamiento del Distrito Nacional en el Centro de los Héroes. Imbert y Valerio junto a otros soldados restauradores en Santiago, su lar natal. Nuestro Enriquillo en la Plaza Indoamericana en Quito, Ecuador. Arturo Pellerano Alfau a la entrada del Listín Diario, decano de la prensa nacional. Educadoras como Ercilia Pepín, entre otras, en la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña. La geografía urbana debe mucho a ese bueno y laborioso Priego, duartista y patriota a toda prueba que se esmeró en su práctica cotidiana a formar artistas y artesanos, a sembrar arte verdadero en los espacios públicos de una ciudad que le acogió como uno de los suyos. De penetrante mirada observadora, poco y sopesado hablar, don Joaquín nos legó su obra Cultura Taína como testimonio de su apasionada admiración por el talento creativo de nuestros pobladores precolombinos.

Otro antepasado de Harold, padre de su madre Raquel, es el pintor y diplomático Enrique García Godoy, uno de los pioneros de la plástica nacional, caracterizada su obra en óleo y pastel por un limpio dominio técnico del dibujo lineal y el estudio anatómico evidenciado en sus delicados desnudos. Rasgos que destacan en sus retratos y en la representación de episodios históricos, como el que captura para saber de la posteridad el encuentro el 25 de marzo de 1895 del prócer José Martí y el general Máximo Gómez para suscribir el famoso Manifiesto de Montecristi -pieza pictórica que hoy forma la excelente colección del Banco Central- o el retorno de Duarte a la patria en la goleta La Leonor.

Este abuelo de nuestro caricaturista fue acertado analista de política internacional del Listín Diario, cónsul en Caracas y Génova, fundador de una escuela de pintura en La Vega, presidente del Ayuntamiento de la ciudad olímpica, escultor de una pieza dedicada a su padre Federico en el parque central de su rincón natal. En efecto, el pintor era hijo de Federico García Godoy, el célebre educador, periodista, crítico literario y escritor autor de Rufinito, Alma dominicana, Guanuma y El Derrumbe, textos claves en la forja de una conciencia de identidad nacional. Por demás, una de las vocaciones de Enrique García Godoy fue la ilustración de revistas literarias y gráficas, tanto locales como extranjeras, género que dominó con gracia.

Con estas raíces halándole los pies por tres generaciones antecesoras, nada fortuito un fruto tan fructífero. Harold Priego es hoy un verdadero fenómeno sociológico de la comunicación de masas. Tras años de incursiones en revistas y suplementos humorísticos, alimenta actualmente con sus creaciones el espacio reservado a la caricatura de opinión de los diarios Hoy (Eloy en el Hoy), Listín Diario (Doña Mármara y su inofensivo marido don Chichí), El Caribe (Matías y Berroa) y Diario Libre. En este último medio de distribución gratuita, sus personajes Diógenes y Boquechivo -"muñecos" les llama él con marcada modestia- han revolucionado los índices de lectoría. Muchos designan a esta tira "el editorial" del periódico, en alusión a la fuerza de penetración que tienen sus mensajes. En comparación con los no menos agudos y bien escritos editoriales de Adriano Miguel Tejada e Inés Aizpún, en señal de aventajada eficacia del lenguaje gráfico acompañado de texto que comporta como recurso la caricatura.

En los últimos tiempos el aprovechado Tulio Turpén y su adorable novia, la voluptuosa y apetecible Yuleidy -símbolos golosos y triunfantes de la nueva dominicanidad globalizada-, compiten en popularidad con los anfitriones del cartón. Amenazados por la presencia avasallante de esta dinámica pareja, Diógenes y Boquechivo, con sus diálogos agudos y mordaces que procesan la cotidianidad ironizada, batallan por preservar una sociedad aldeana, asida a valores, que se resiste a morir. Como profesional de las ciencias sociales, el célebre C. Wright Mills de seguro se habría sentido satisfecho con el ejercicio de imaginación sociológica que realiza Harold Priego a través de las viñetas de estos apreciados "muñecos", dotados de una criticidad funcional demoledora. Parlantes coloquiales que pasan por su criba inclemente el mundo dominicano, atenazado por la concurrencia compleja de fenómenos de todos los pelajes. Desde los simplemente estimulantes y benéficos hasta los más siniestros y espeluznantes, "que horripilan y meten miedo de verdad" como rezaba aquella cancioncita del ratoncito Miguel.

Diógenes y Boquechivo llevan ocho volúmenes editados en versión impresa, al mejor estilo de las tiras Mafalda del argentino Quino o los Agachados y los Supermachos del mexicano Rius. Sus historietas han sido seriadas y animadas bajo el patrocinio de la supertienda La Sirena para disfrute de los televidentes. Mientras que los internautas pueden acceder a un blog muy visitado que Harold mantiene en el portal de Diario Libre, pletórico de imaginación y democratismo. Estos dos héroes de una sociedad sana que quiere seguir guiándose por ciertos principios éticos han prestado sus respectivos talentos para campañas de educación ciudadana, como la que despliega la CEDEE sobre el pago de la energía eléctrica.

Pero lo que muchos de sus admiradores ignoran es que Harold Priego -aparte de fungir como creativo y director de arte publicitario en agencias altamente prestigiadas y en la suya propia, a la par de ser un caricaturista de clase mundial-, es un artista provocador e imaginativo que emplea los recursos tecnológicos informatizados como herramienta de trabajo. En lugar del pincel, el carbón, la plumilla o el lápiz, para dar forma a los temas que le persiguen, algunos como una obsesión. Asistido por el mouse óptico manejado diestramente, traza líneas, dibuja figuras, da volumen, emplea tramas, mezcla colores, puebla los espacios con imágenes y personajes salidos de su laboratorio computarizado. Cual alquimista de un arte que se piensa vanguardista e irreverente, pero que nos lleva al tríptico Jardín de las Delicias de Hieronymus Bosch (El Bosco) cargado de imaginería onírica, bestiario, sarcasmo apocalíptico y seres de todos los calibres. Una tradición flamenca continuada por Pieter Brueghel el Viejo, patentizada en El triunfo de la muerte y La Torre de Babel.

Harold ha nutrido sus raíces de savia surrealista a lo René Magritte en la limpieza de las formas dotadas de realismo mágico. Ha bebido -¡claro que ha bebido este bohemio consumado!- del mejor destilado Pop, de Andy Warhol en adelante, tan caro al arte del diseño publicitario. Se ha dejado seducir -con bastante frecuencia- por la multifacética tradición de ilustradores de todo tipo, de comics, libros, revistas, films. Y por supuesto, por el mundo del diseño. Por eso, entre las medias tramadas que se ajustan a las piernas de sus damas suculentas y el gato de Cheshire de Alicia en el País de las Maravillas de la versión original de Walt Disney hay una maravillosa semejanza.

Una exposición de su trabajo artístico fue recientemente exhibida en la galería de la publicitaria Pagés BBDO. Allí sus figuras estilizadas remedaban las del gran Fernand Léger, menos geometrizadas y más sueltas. En su estética merodea la semántica sórdida de bares y cabarets a lo Toulousse Lautrec, gozador de los ambientes de la noche. Desfilan los emparejados en danza voluptuosa, el músico de jazz soplando el saxo solitario, mujeres aproximándose en marejada lésbica. Sus seres -gente, bestias y máquinas disparatarias como diría Federico Henríquez Gratereaux- se deslizan en bicicletas polivalentes, como si los aros rodantes fuesen extensiones de sus extremidades, quizá en homenaje a los dibujos del maestro Domingo Liz.

Un bestiario diverso -que habría encantado a Borges y a Cortázar, y obvio que a Kafka- se nos muestra en esta selección de pequeñas pesadillas y sueños recurrentes que asedian su mundo creativo. El circo, el bachateo, las maquinitronas que vienen desde Julio Verne pasando por Soucy Pellerano, el sexo sin saxo, las "mierderías" (como él les llama) consistentes en figurillas a lo Clara Ledesma y la expresión de melancolía con embocadura mulata, forman esta colección que nos acerca al universo Priego, en versión Harold.

Como castigo nuestro artista procreó otro artista, para dar continuidad a la maldición de los elegidos. Inescapable ante tanto arte ancestral, Samuel Priego es la garantía de que la dinastía se alarga y no cesará con su progenitor. Así, los Priego forman un verdadero pliego de ofertas plásticas con diversidad de técnicas, destrezas y enfoques. Por qué no decirlo, de estéticas. Alejado del mouse óptico, Samuel se formó profesionalmente en la Escuela de Diseño de Altos de Chavón, afiliada a la Parsons School de New York. Manejando el diseño de la ilustración también ha reivindicado la vieja paleta de colores de su bisabuelo Enrique García Godoy para trabajar óleos y formular sus propuestas, de cara a definir su propia identidad en la plástica dominicana y universal. Y lo que se ve es de una calidad impecable. No sólo promisorio. Por eso creo que a pesar de todos los pesares, habrá Priego para rato.
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