Pactando con reformistas
¿Cuál es el precio de pactar con los reformistas? ¿Vale la pena pagarlo?
Con el PRSC se cumple todo lo analizado por los expertos: los partidos han perdido la ideología, se "venden" bien a la hora electoral de establecer alianzas, tienen problemas de democracia interna y aceptan el transfuguismo como algo normal.
Los dos grandes, para apuntalar el bipartidismo ya instaurado, necesitan enamorar a los pequeños. Pero... ¿a qué precio? En el caso de los reformistas, el pago más evidente es el feudo del ministerio de Asuntos Exteriores, tema que a Danilo le convendría revisar con lupa.
El ridículo internacional que provocan las embajadas atestadas de cargos, sobrecargos y cargos virtuales, los tropecientos cónsules que pululan por el mundo, los cuchumil embajadores adscritos, las atestadas misiones a cumbres... chocan con la incapacidad de trazar una política coherente con el único vecino por tierra y con los esfuerzos de proyección internacional que particularmente Leonel Fernández se trabaja.
Es verdad que en el primer periodo peledeísta, -de 1996 a 2000- se hizo un esfuerzo importante, valioso y sincero de enrumbar las relaciones internacionales con una estrategia pensada y realista. Algo cambió y para bien.
Pero hoy la realidad es bien diferente. Honrosas excepciones no tapan el caos y el clientelismo rampante y voraz que las atesta de familiares, amigos y relacionados de reformistas y peledeístas. Un pozo de dinero, que sostenemos -a disgusto- con nuestros impuestos.
IAizpun@diariolibre.com
Con el PRSC se cumple todo lo analizado por los expertos: los partidos han perdido la ideología, se "venden" bien a la hora electoral de establecer alianzas, tienen problemas de democracia interna y aceptan el transfuguismo como algo normal.
Los dos grandes, para apuntalar el bipartidismo ya instaurado, necesitan enamorar a los pequeños. Pero... ¿a qué precio? En el caso de los reformistas, el pago más evidente es el feudo del ministerio de Asuntos Exteriores, tema que a Danilo le convendría revisar con lupa.
El ridículo internacional que provocan las embajadas atestadas de cargos, sobrecargos y cargos virtuales, los tropecientos cónsules que pululan por el mundo, los cuchumil embajadores adscritos, las atestadas misiones a cumbres... chocan con la incapacidad de trazar una política coherente con el único vecino por tierra y con los esfuerzos de proyección internacional que particularmente Leonel Fernández se trabaja.
Es verdad que en el primer periodo peledeísta, -de 1996 a 2000- se hizo un esfuerzo importante, valioso y sincero de enrumbar las relaciones internacionales con una estrategia pensada y realista. Algo cambió y para bien.
Pero hoy la realidad es bien diferente. Honrosas excepciones no tapan el caos y el clientelismo rampante y voraz que las atesta de familiares, amigos y relacionados de reformistas y peledeístas. Un pozo de dinero, que sostenemos -a disgusto- con nuestros impuestos.
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