Los partidos tienen problemas con las almohadas
En una de las Alemanias se suscitó alguna vez el problema de las parejas que militaban en diferentes partidos. Por ejemplo, el marido socialdemócrata y la mujer demócrata cristiana.
Y no era tanto por el derecho de cada cual a promover su ideología, sino a algo de carácter más íntimo, más privado: el poder guardarse los secretos.
El no revelar a un contrario los planes de su organización.
Aunque distantes, por estos lares se conocen esas situaciones. Incluso, vale recordar que "el amor y el interés se fueron al campo un día, y más pudo el interés que el amor que te tenía".
Es el caso de los celulares que tanto preocupa a la fiscal Berenice.
Pero hay más.
Una vez hubo conflicto de intereses, porque una integrante de la Junta Electoral estaba casada con un candidato a la presidencia. Ahora se prevé otra posibilidad parecida.
Que una persona llegue a la presidencia de un partido, en tanto su consorte dirige una entidad de la sociedad civil que se ocupa de arbitrar los procesos.
Es más, aunque de oficio, las controversias son inevitables, y nadie advierte y mucho menos condena a tiempo, y se deja que las almohadas hagan el resto.
En una de las Alemanias se suscitó alguna vez el problema de las parejas que militaban en diferentes partidos. Por ejemplo, el marido socialdemócrata y la mujer demócrata cristiana.
Y no era tanto por el derecho de cada cual a promover su ideología, sino a algo de carácter más íntimo, más privado: el poder guardarse los secretos.
El no revelar a un contrario los planes de su organización.
Aunque distantes, por estos lares se conocen esas situaciones. Incluso, vale recordar que "el amor y el interés se fueron al campo un día, y más pudo el interés que el amor que te tenía".
Es el caso de los celulares que tanto preocupa a la fiscal Berenice.
Pero hay más.
Una vez hubo conflicto de intereses, porque una integrante de la Junta Electoral estaba casada con un candidato a la presidencia. Ahora se prevé otra posibilidad parecida.
Que una persona llegue a la presidencia de un partido, en tanto su consorte dirige una entidad de la sociedad civil que se ocupa de arbitrar los procesos.
Es más, aunque de oficio, las controversias son inevitables, y nadie advierte y mucho menos condena a tiempo, y se deja que las almohadas hagan el resto.