Danilo no quiere ruidos en su Gobierno
Los funcionarios públicos se las bandeaban bien con las auditorías de la Cámara de Cuentas, pues no la veían más que como una necedad ocasional.
Y si acaso material para los reportajes de los programas de fin de semana.
La defensa a veces ni siquiera se intentaba, pues no hacía falta. Bastaba con decir que se buscaba hacerle daño o que el expediente era político.
Con Eliíta y Bienes Nacionales parece que la cosa va a cambiar. Es más, si se le hace caso a los comentarios que circulan, está cambiando.
Eso de que puso el cargo a disposición del Presidente no se lo cree nadie, y su papel de agraviado se merece un Oscar, pues se trató de una actuación cumbre.
Que quiera irse con elegancia y, sobre todo con vergüenza, vale un aplauso.
Sin embargo, queda la duda de que Eliíta tenga tanta entereza y de que su show sea iniciativa suya y no responda a una demanda sutil del mandatario.
Más bien parece una nueva política, inspirada en la conocida consigna de campaña de hacer lo que nunca se hizo. Como pedir la renuncia a cualquier subordinado que sea sorprendido en falta.
Con chivos de ese tamaño se expían todas las culpas.
Los funcionarios públicos se las bandeaban bien con las auditorías de la Cámara de Cuentas, pues no la veían más que como una necedad ocasional.
Y si acaso material para los reportajes de los programas de fin de semana.
La defensa a veces ni siquiera se intentaba, pues no hacía falta. Bastaba con decir que se buscaba hacerle daño o que el expediente era político.
Con Eliíta y Bienes Nacionales parece que la cosa va a cambiar. Es más, si se le hace caso a los comentarios que circulan, está cambiando.
Eso de que puso el cargo a disposición del Presidente no se lo cree nadie, y su papel de agraviado se merece un Oscar, pues se trató de una actuación cumbre.
Que quiera irse con elegancia y, sobre todo con vergüenza, vale un aplauso.
Sin embargo, queda la duda de que Eliíta tenga tanta entereza y de que su show sea iniciativa suya y no responda a una demanda sutil del mandatario.
Más bien parece una nueva política, inspirada en la conocida consigna de campaña de hacer lo que nunca se hizo. Como pedir la renuncia a cualquier subordinado que sea sorprendido en falta.
Con chivos de ese tamaño se expían todas las culpas.